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    28 januari

    Si LlueVe...

     
    Si llueve, tus lágrimas se mezclarán con la lluvia y te costará distinguir entre las gotas que, simplemente resbalan y el llanto que, sencillamente, brota. 
     
    Si llueve, mi cabello se mojará durante mi espera en tu portal y, cuando por fin bajes, te esperaré con el flequillo pegado a la frente y los párpados inundados de gotas de lluvia y, cuando me beses, mi boca te será insabora, como el agua que cae del cielo, como las palabras que no decimos.
     
    Si llueve, ni tú ni yo seremos los mismos. Y no te diré que, en el fondo, siempre te quise. Y tú no me dirás que estuviste pensando en mí en todo momento. Y no hablaremos por miedo a estropear el silencio que nos contiene a nosotros, a las calles vacías y a la lluvia. No hablaremos porque, a veces, las palabras sobran.
     
    Si llueve, responderé a tu llamada con voz suave y te diré que tardo cinco minutos más en llegar, que te quiero, que te echo de menos... que me esperes. Nunca dejes de hacerlo.
     
    Si llueve te echaré en cara aquello que dejaste de hacer por mí. Te recordaré que no siempre fuiste perfecto y apretaré los puñós, encogeré el alma. Tú me mirarás,pensarás en mi rostro dulce de los días soleados y, con nostalgia, me dirás que yo también te fallé. Y no sabremos qué hacer con tanto reproche mojado, hundiremos las manos en los bolsillos, nos marcharemos sin decir adiós, agachando la mirada...
     
    Si llueve, no podremos tumbarnos a buscar formas en las nubes... y todas tendrán la msima forma, oscura, como nuestras miradas... y sentiremos pena, querremos volver a los días de verano, nos cogeremos las manos... soñaremos con días de sol.
     
    Si llueve mi alma se escurrirá como agua por los poros de mi piel... y dejaré de ser para empezar a estar, me desplomaré entre esperanzas y sueños, me compraré una red para atrapar imposibles... y jugaré a las muñecas junto a la chimenea, con un vestido de tul y un lazo de raso recogiendo mi cabello, mojado, como la lluvia... y seré esa niña que nunca debí dejar de ser... huiré de mí misma. Del mundo.
     
    Si llueve, meteré la mano en tus bolsillos y te pediré que abras el paraguas. Me mirarás y, con tu sonrisa torcida, me dirás que no lo has traido. Entonces echaremos a correr, juntos, abrazados... y tropezaremos cada dos pasos y medio pero no nos importará porque, al hacerlo, nos besaremos y seguiremos corriendo... y, al final, nos daremos cuenta de que la lluvia nos moja igualmente corramos o no... entonces pararemos para querernos bajo el agua... empapados... enamorados.
     
    Si llueve, no lo olvides, cada gota de lluvia será un tequiero de mis labios para tus oídos... y lo escucharás chocar contra el asfalto mojado desde tu ventana... con la cabeza apoyada en las manos... con la mirada perdida en el espacio vacío que contiene todo lo que no somos tú y yo.
     
    Si llueve, volveremos a empezar de nuevo... y no habrá motivos para recordar el pasado. Seremos dos desde cero. Y no seremos perfectos pero creeremos serlo. Siempre juntos.
     
    Si llueve, tendré que confesarte que soy una sirena... y que mis piernas desaparecen bajo el agua... que no aprendí a nadar porque siempre soñé con estar aquí, a tu lado... y tendrás que sostenerme entre tus brazos para que no me caiga.
     
    Si llueve puede que me vuelva un poco loca y quiera llevarte a saltar sobre los charcos, que te coja de la mano y me ponga las botas de agua, que acabemos empapados en cualquier cafetería, con un chocolate caliente y más pulsaciones de las habituales en el pecho.
     
    Si llueve, seguramente, te llamaré por teléfono... y me sentaré junto a la ventana, te pediré que hagas lo mismo... y miraremos juntos la lluvia... tú allí y yo aquí... y, aunque no sean las mismas gotas, sentiré que cada una de ellas me trae una parte de ti... y sacaré la mano para atrapar la que lleva tu sonrisa... y la besaré despacio...
     
    Si llueve te invitaré a refugiarte en mi paraguas, te abrazaré con fuerza, me cogeré de tu brazo... te pediré disculpas por no saber ser quién debería ser para ti, por no aprender a mejorar, a darte lo que necesitas... te lo diré al oído, en secreto, a escondidas... y el ruido de la lluvia tapará mi voz... y nunca sabrás si lo soñaste o fue real.
     
    Y, si llueve, si mañana llueve... si algún día llueve y tú no estás a mi lado, sabré que me echas de menos.... como yo te extraño a ti... y lloraré con el cielo por no haber sabido retenerte... y me sentiré desdichada, triste, sola... y recordaré que, si me esfuerzo en sonreír, quizás, consiga ver el arco-iris.
     
    23 januari

    Yo Sin Tu Amor, Soy Un Montón de Cosas Menos Yo...

     
    He de reconocer que he cambiado. Creo que nunca he llegado a negarlo radicalmente. Soy consciente de todo lo que sucede en mi entorno, en mi vida y en mi actitud hacia ella. También sé que la vida no es más que una contínua sucesión de cambios, a mejor o peor... pero cambios, a fin de  cuentas. No se trata de una línea recta, no... es un camino lleno de curvas, baches, cambios de sentido, pasos subterráneos, puentes y, en ocasiones, callejones sin salida. La vida es arriesgarse y saber asumir los cambios con una sonrisa, darte cuenta de que no todo lo que cambia es malo... ni se pierde todo lo que se distancia, solo muere lo que olvidamos. Solo perdemos lo que dejamos ir por miedo a cambiar.
     
    Antes pensaba que los cambios eran cuestión de edad, de tiempo o, quizás, de acontecimientos drásticos. Cuando pasó el tiempo, crecí y viví experiencias más o menos drásticas, me di cuenta de que seguía sin cambiar... que los cambios más significativos no acudían puntualmente a una fecha o a una cita programada. Los cambios eran impredecibles y, cuando menos me lo esperaba, amanecía distinta... pero conservando ese transfondo que me contiene en esencia. Conservando principios, ideales, pensamientos y carácter... a fin de cuentas, somos lo que vive en nuestro corazón.
     
    Ahora, tras mucho tiempo, he comprendido al fin que los cambios surgen de las personas y sus acciones. Esa idea absurda de que el amor es el motor del mundo, finalmente, resultó ser cierta. Y cambiamos cuando nos aman, cuando amamos realmente. Cambiamos porque el amor nos pegó una patada y nos llenó los bolsillos de miedo. Cambiamos porque los besos se terminaron y nos dejaron sumidos en una adicción eterna. Cambiamos porque, de repente, descubrimos que esa tontería de la media naranja es más cierta de lo que parecía. Cambiamos porque perdemos el amor, porque lo encontramos, porque le tememos o porque, simplemente, le dejamos de esperar.
     
    Un día, sin ningún motivo especial, abres los ojos y te das cuenta de que estás hecha de mitades. De que una mitad es tuya, como siempre lo fue... pero la otra está fuera de tu cuerpo. Esa otra mitad es amor. Y no se parece a lo que hayas podido sentir antes. La amistad, la familia, incluso las mascotas... no, no deja de ser amor... pero no es esa fuerza absorbente que te atrapa y te envuelve, que te ata invisiblemente a la otra persona y te arranca lágrimas de alegría cuando comprendes que los abrazos no dan para más, que nunca podrás saciar esa ansia, nunca podrás aproximarte tanto como para romper esa distancia de un milímetro que separa tu alma de la suya. Todo mi mundo gira entorno a tu ombligo y, sin embargo, sigo con mi vida... porque tú formas parte de ella y coges mi mano a cada paso, me acompañas en mis rutinas, en mis dudas, en mis alegrías, en mis miedos... porque tener pareja no significa apartarse del mundo... tener pareja es dejar de ser uno para empezar a ser dos... y compartir, convivir, acompañar...
     
    La gente que, alguna vez, ha sido la mitad de un todo, comprende. El resto, solo imaginan. Es duro, pero es cierto. Solo comprendemos realmente las emociones que hemos sentido... el resto, es intuición. Por eso nos alejamos, por eso los cambios distancian a las personas... porque solo quién va de tu mano durante tu cambio, comprende que sigues siendo tú... el resto, olvida tu número de teléfono y piensa que ahora que tienes a alguien, no necesitas a nadie más... y tú no dices nada porque sabes que no lo comprenderían, que te dirían que sí, que vale... y seguirían sin llamar... y llamarías una y otra vez y nunca sería suficiente... porque tú tienes a alguien y no necesitas a nadie más. Es entonces cuando tus ojos se abren y aceptas que habláis distintos idiomas. Tu otra mitad aún te sostiene la mano y, de vez en cuando, alguien os da una palmadita en la espalda y os felicita por lo bien qué lo estais haciendo. Sonríes porque eres feliz pero también te apenas porque, en el fondo, te gustaría que otra mano se alegrase de tu felicidad... pero esa mano solo tiene silencios y los ojos cerrados. Y pasa el tiempo, lo vas dejando pasar y, al final, se olvida...
     
    He cambiado, sí. Ahora soy parte de algo. Ahora no existo sin él porque él es parte de mí. Él es mi boca, cuando al recordarle me muerdo los labios. Él es mis ojos cuando le busco por la mirada esperando, impaciente, que aparezca. Él es mis manos cuando me coge entre las suyas y me dice que me quiere. Se llama amor.. y, aunque suene absurdo, es el motor del mundo.
     
    22 januari

    TreS!!

     

    Y hoy... hacemos tres meses...

     

     

    CuanDo cerró Los ojOs

     
    Cuando cerró los ojos, despertó. Solo entonces, se dio cuenta de que, sorprendentemente, su sueño era real. Todo lo que había imaginado con los ojos abiertos estaba allí, en la oscuridad de sus párpados.
     
    Comprendió en aquel momento que nunca más volvería a abrir los ojos, que permanecería en aquella ceguera voluntaria eternamente porque, solo de esa manera, podría ver la realidad con nitidez. Solo la ausencia de vista, le otorgaría una mirada clara de lo que rodeaba su pequeño y frágil cuerpo. Sin prejuicios, sin apariencias, sin desprecios... solo la oscuridad y el mundo de sensaciones que empezaba a descubrirse en sus sentidos... en esos cuatro sentidos que cobraban una nueva vida, que descubrían un poder oculto hasta entonces, una magnitud desproporcionada y majestuosa...
     
    Solo sus ojos cerrados mantenían despierta su mente, su alma y su cuerpo. Elevaban su existencia a una nueva categoría, un rumbo distinto y directo al punto que siempre había deseado... y, con total seguridad, apretó la venda quen cubría su mirada... y sepultó su vista a la más absoluta oscuridad... y supo que, de aquella manera, despertaría.
     
     
    18 januari

    DiMe el Color de Un MomenTo que te Haga Feliz...

     
    Un momento... rescatar solo un momento y pintarlo de un color único, un color con una sonrisa implícita... buscar en mi memoria un instante que, con solo recordarlo, convierte mi presente en la alegría que contuvo en mi pasado... y pienso que, aunque quisiera... sería imposible elegir. Un momento se compone de todos los momentos que te llevan a vivirlo... se compone de los malos, los que te enseñaron a ver lo bueno de aquel instante. Aquellas lágrimas que, a base de surcar tu rostro, te hicieron valorar las sonrisas. De aquellos suspiros desesperados, de melancolía y angustia que, cada vez que huían de tu alma, te prometían un día mejor... un futuro en el que, algo tan sencillo como suspirar, sería satisfactorio y leve, un atontamiento repentino debido a algún estado de enamoramiento extremo. Un momento maravilloso, se compone de todos esos pequeños ratitos que te empujan a vivirlo... el primer cruce de miradas, la posibilidad de un beso rodando en tus labios, un guiño disimulado, una caricia furtiva... el mar se llena con el agua de los pequeños ríos que desembocan en él. Un momento feliz es, sin duda, la suma de todos aquellos momentos que te hicieron alcanzarlo, saberlo comprender y apreciarlo.
     
    Mi momento, nuestro momento... ese instante que nos hace felices haciendo algo tan simple como nada, no sería un color... sería una mezcla de todos ellos... llevaría un poco de rojo... como él color que vestíamos la primera vez que quedamos. Negro, como el coche que estuve esperando en mi portal. Quizás verde, como tus ojos cuando me miran. Marrón, como los míos. Amarillo, como las paredes de tu cuarto. O blanco, como las luces de Paris. Le añadiríamos, quizás, rosa... como tu primer regalo de reyes... Por supuesto, morado, como el lugar donde pasamos las horas... jijiji... una pizca de azul, como nuestros sueños... algo de naranja, como el tacto de nuestras caricias... y quizás, gris, como todo lo que no es perfecto y que, sin embargo, me recuerda que es real... que es maravilloso y me hace completamente feliz.
    11 januari

    El señor de las HistoriAS

     

    Llegó de noche, sin hacer ruido, con su maleta en la mano derecha y el sombrero de copa en la izquierda. Nadie en el pueblo supo de su presencia hasta la mañana siguiente cuando, ante el asombro de los vecinos, las calles aparecieron empapeladas con aquellos extraños papeles amarillos.

     

    Lo realmente desconcertante de aquellos papeles no era su forma. Eran simples folios, adheridos a la pared con algún tipo de pegamento específico. Lo que llamaba la atención era el mensaje que contenían. Escrito a mano, con una caligrafía impecable y enormes letras, todos repetían lo mismo: “Esta tarde, a las seis en punto, se convoca a todos los jóvenes con edades comprendidas entre trece y dieciocho años a presentarse en la Plaza Mayor”. Sin motivos, sin explicaciones, sin nada más que aquellas cuatro líneas perfectamente redactadas.

     

    Los vecinos comenzaron a inquietarse. Los papeles amarillos y su curioso mensaje eran el único tema de conversación del pueblo. No tardaron en aparecer los primeros rumores. Hubo quién aseguró haber visto a un extranjero paseando al amanecer por las calles del pueblo. Alguno se atrevió a aventurar que se trataba del albacea de un anciano millonario, en busca de un nieto ilegítimo al que entregar su fortuna. Quizás, decían los más precavidos, solo se trate de un reclamo publicitario. Otros, menos curiosos, se limitaron a sacar el traje de los domingos del armario, peinar y lavar a sus hijos como si de una misa especial se tratase. Las niñas más coquetas, incluso, se llenaron el cabello de rulos para poder lucir hermosos tirabuzones a la tarde.

     

    A las seis menos cinco de la tarde, todos los jóvenes del pueblo formaban una larga fila en la plaza del pueblo. Hablaban entre sí, a susurros, formando un murmullo generalizado que impidió a los presentes percatarse de su llegada.

     

    Él, siempre sigiloso, se colocó en el mismo centro de la plaza. Dejó su maletín en el suelo y, con una pequeña reverencia, se quito el sombrero de copa. Todos los allí presentes, callaron de inmediato al presenciar aquel gesto. Una vez conseguida la atmósfera adecuada, carraspeó, miro la fila de jovencitos asustados y, con voz solemne, dijo:

     

    -         Por favor, acercaos de uno en uno. No tardaré mucho.

     

    El primer niño se acercó con cautela. Él le miró a los ojos fijamente y, cuando consiguió atrapar su mirada, le sonrió. Entonces el niño supo que no debía temer. Las instrucciones eran sencillas: debía abrir el maletín y decirle, siempre al oído, su contenido.

     

    El niño abrió el maletín con delicadeza. Miró dentro. Volvió a cerrarlo. Lo volvió a abrir y, cuando se hubo asegurado de que sus ojos no le engañaban, se acercó al oído derecho de aquel extranjero tan misterioso y, con su vocecita tímida dijo: “yo no veo nada”.

     

    Así, uno tras otro, los niños del pueblo fueron confirmando que, como había dicho el primer niño, el maletín estaba vacío. Nadie comprendía porqué aquel hombre hacía aquella estupidez y, algunos padres, empezaron a llevarse a sus hijos. El resto, seguía esperando, pacientemente, su turno. La curiosidad por conocer el secreto del maletín misterioso y su peculiar dueño era muy superior al tiempo transcurrido.

     

    A las ocho de la tarde, cuando la última niña de la fila aseguró que el maletín estaba vacío, se dio por vencido. La decepción fue general. No hubo ninguna explicación por parte del misterioso individuo y, tanto padres como hijos, regresaron a sus hogares con el ceño fruncido y la curiosidad intacta.

     

    Mientras tanto, el hombre del maletín, recogía sus cosas y marchaba, decidido, al siguiente pueblo en el que esperaba encontrar, por fin, lo que tanto anhelaba encontrar. Partía desilusionado, con el semblante serio y los ojos empañados. Estaba casi seguro de haber encontrado el lugar y, sin embargo, su intuición había fallado.

     

    Paraba a beber un poco de agua en una fuentecilla cuando, un jovencito de enormes ojos castaños y cabello despeinado, se acercó a él.

     

    -         ¿Se encuentra bien, señor?

    -         Sí, sí… tranquilo, chico… es solo que no he encontrado lo que buscaba.

    -         No debe llorar por eso, señor. Cuando menos lo espere, lo encontrará.

     

    Agradeciendo las palabras del muchacho y con la sensación de estar cerca de su meta, nuestro hombre misterioso se disponía a partir cuando, como un rayo de luz, una idea surgió en su mente. Buscó al chaval con la mirada y lo encontró en pie, a punto de regresar al pueblo.

     

    -         Espera un momento, chico… ¿has ido esta tarde a la plaza del pueblo?

    -         ¿Yo? ¿A la plaza? ¿Para qué? Yo no he ido a ninguna parte, señor. Tenía que cuidar del ganado.

    -         Pero… ¿no leíste los carteles amarillos?

    -         Oh, señor… yo no sé leer.

    -         Sorprendente… ¿me harías un favor? Es muy sencillo, verás, solo tienes que abrir mi maletín y decirme que hay dentro.

    -         ¿Por qué, señor? ¿Acaso usted no lo sabe?

    -         Sí, claro que lo sé… solo quiero saber si tú ves lo mismo que yo.

    -         De acuerdo. Lo que usted mande.

     

    El muchacho se inclinó sobre el maletín. Lo apoyó muy despacio en el borde de la fuentecilla, como si temiera romperlo y, con una delicadeza extrema, o abrió. Se quedó así durante un par de segundos, con los ojos muy abiertos y una sonrisa cada vez más pronunciada en los labios. Luego, volvió a cerrar el maletín.

     

    -         Es maravilloso, señor. ¡Su maletín está lleno de historias!

     

    Las lágrimas que, hacía tan solo unos segundos, el hombre del maletín había estado a punto de derramar de tristeza, brotaban ahora pero, esta vez, fruto de la alegría. Lo había encontrado. Su sucesor estaba ahí, a tan solo unos centímetros… las historias no morirían con él. Ahora tocaba explicar, por fin, el secreto que había estado guardando durante tanto tiempo.

     

    -         Escúchame bien, jovencito… Tú no eres una persona normal. Tanto tú como yo somos cuentacuentos. Nuestro cometido en este mundo no es otro que mantener la fantasía, la ilusión y las historias con vida. No pertenecemos a ninguna parte, vagamos por el mundo narrando nuestras historias, sacando de nuestro maletín maravillosos relatos para entretener a niños y adultos. Sin nosotros, no existirían los sueños. Hasta hace unos segundos, yo era el Señor de las Historias pero, ahora, te he encontrado a ti… mi sucesor. Has de saber que existe un momento, una etapa en nuestra vida en la que la imaginación termina por morir… entonces, debemos darnos prisa en encontrar un digno sucesor antes de que, con nuestra imaginación, mueran todas las historias que has visto en mi maletín y que aún están por narrar. Ponte el sombrero, él se encargará de recoger todas las historias que tu mente imagine, se irán guardando en el maletín y solo tendrás que abrirlo para llenar cualquier lugar de sueños, de cuentos, de fantasías y relatos. La gente normal, verá un simple maletín vacío pero, los cuentacuentos, como tú y yo, lo encontraremos repleto de historias.

     

    Aunque todo sonaba algo extraño, el chico no se asustó. Tomó con decisión el sombrero de copa y el maletín negro, abrazó a su antecesor y, con una enorme sonrisa, partió como Señor de las Historias a cumplir su cometido.

     

    10 januari

    Y pienso, si Te vas, Las Veces Que te TengO...

     
    Creo que, si pudiese convertirme en cualquier cosa, me convertiría en un recuerdo. No en un recuerdo cualquiera, está claro... sería un recuerdo de esos que hacen sonreír. Uno que se cuela con sigilo a media tarde entre un café y un cigarro o, con disimulo, entre una pregunta y un intento de respuesta. Sería un recuerdo bonito, discreto e intímo. De esos que, aunque nunca se cuenten, siempre son. Un pensamiento entre fugaz y leve, con rayos de sol y gotas de lluvia, besos, abrazos y caricias. Con aroma intenso, sonidos puntiagudos, silencios prolongados... un recuerdo con acento, kilómetros y manos entrelazadas.
    Sin duda, yo sería el recuerdo más inoportuno e inesperado que pudiera encontrar la memoria. Llegaría sin capacidad de disimulo, con una enorme sonrisa y ese brillo de ojos tan mágico, ese que solo aparece cuando cerramos los ojos dejándo la mirada abierta... y no haría ruido pero me escucharían en todas partes... y duraría un segundo, dos a lo sumo... pero no me iría del todo, dejaría ese dulzor en los labios que dura hasta que la realidad cala cada hueso y engulle el alma con descaro.
    Sería un recuerdo para tenerte entre mis brazos, con tu cabeza sobre mi pecho y la mirada perdida en el punto impropio que definimos a base de besos, ese rincón que huye entre mi alma y tu alma, que nos separa y nos une a trompicones. Esa sútil manera de sentirnos lejos a un milímetro de distancia. Esta absurda manera de sentirte cerca a seiscientos treinta kilómetros.
     
     
     
    09 januari

    De Lunes a DominGo

    Desayunar.Estudiar.Clases. Estudiar. Comer.Estudiar.Ducha. Cena. Estudiar. Dormir. Desayunar.Estudiar.Clases. Estudiar. Comer. Estudiar. Ducha. Cena. Estudiar. Dormir. Desayunar.Clases.Estudiar.Comer.Estudiar.Ducha. Cena. Estudiar. Dormir. Desayunar. Estudiar. Comer. Estudiar. Ducha. Cena. Estudiar. Dormir. Desayunar.Estudiar.Clases. Comer. Estudiar. Ducha. Cena. Estudiar. Dormir. Desayunar. Ducha.Trabajar. Merendar. Trabajar. Ducha. Cenar. Dormir. Desayunar. Ducha. Trabajar. Merendar. Trabajar. Ducha. Cenar. Dormir... ¿dónde te has metido?
     
     
     
     
    08 januari

    MosCas en la Casa...

     
    Supongo que, el verdadero desencadenante, no es el arañazo de mi muñeca o haber madrugado por causas ajenas a mi voluntad. A veces, simplemente, se trata de predisposición. Hay días que cualquier razón sirve para derramar una lágrima... aunque ni siquiera la viertas por ese motivo. Hay veces en que, el llanto, solo necesita huir... sin ser sentido, sin ser necesario... solo libre.
     
    Estoy triste y, en realidad, tengo mil motivos para estarlo... pero ninguno me convence. Me siento agotada y no me quedan fuerzas suficientes para expresar con mi voz lo que me sucede. Entonces, opto por callarme y escuchar... o, mejor dicho, oír. En mi cabeza ya no hay sitio para nada... y me duele horriblemente este martilleo constante que sube por mi espalda y se ubica en mis sienes. Es como si unas manos invisibles me apretasen con fuerza y me volteasen la cabeza de un lado al otro. No quiero que nadie me pregunte porque no tengo respuestas. Tengo millones de motivos pero el más importante es el menos lógico. Ese que nadie quiere escuchar. Estoy triste porque sí, porque lo necesito. Porque sin tristeza no existe la alegría... y he alcanzado unas cotas tan altas que, ahora, me derrumbo al menor contratiempo. No, desde luego que no merece la pena estar así... y no quiero, pero aparece y no puedo negarme a ser como soy en estos momentos. A estar como estoy. Sin ganas de hacer, con ganas de no hacer, desesperada por cerrar los ojos y dejar la mente en blanco... un segundo o dos. Y luego, despertar para  volver al mundo. Intentar sentirme parte del mundo. Sin ti.
     
    No, ya sé que nada de lo que escribo tiene lógica. Creo que mi capacidad de expresar pensamientos coherentes se ha quedado entre las sábanas de mi cama. Si la encuentro, la encerraré bajo llave en la mesilla de noche. Ahora no quiero ser racional. Solo quiero sentir y dejar que las palabras surjan, con o sin sentido, son mías y yo las dejaré fluir igualmente. Por mi cabeza retumbante o mi espalda dolorida. Me golpean con fuerza las ganas al abandonarme. Y ya solo quiero dejar de ser. O encogerme tanto que ni la soledad me alcance. Desaparecer un poco para, a finales de semana, volver a encontrarme. Contigo, sin ti. Una hora contigo. Ocho con mi peor pesadilla. Y dormir hasta que el cartero llame por tercera vez.
     
     
    02 januari

    No sé ResTar Tu MiTad a Mi corazÓn...

    Si tengo que decir la verdad, no me he propuesto nada para este año que empieza... quizás, solo tenga las ideas de siempre: avanzar con la carrera, encontrar un trabajo mejor, ser todo lo feliz que pueda, viajar mucho... pero nada especial. Ningún propósito, ningún plazo, ningún cambio significativo. Por primera vez en mucho tiempo, todo lo que quiero es seguir como estoy. Será porque estoy bien así, a tu lado...
     
    No puedo escribir cuando mi madre tiene la televisión puesta. Me satura el cerebro y me impide pensar. Solo escucho voces gritonas y ruido, mucho ruido... entonces, veo una luz extraña por la ventana y me asomo. Parece una sirena, pero no hace ruido... y no sé de dónde saldrá, pero me inquieta. Se encienden ventanitas naranjas en mi pantalla pero no empiezan por ·$4Lo Que y no hago caso. Solo cuando aparece, para decirme que se va a dormir, abro y cierro indefinidamente. Más ruido en la televisión. Me voy a ir a la cama a leer un rato. La luz de la calle ha cesado.Solo quedan algunos coches mal aparcados y una farola. Sería más sencillo vivir de noche, sin tanta gente, sin tantos agobios...pero entonces, uno vería a otro ser más feliz de noche... y correría la voz... y, en un par de meses, todos vivirían de noche... y tendría que empezar a vivir de día para poder estar sola. Qué tontería. No se puede vivir de noche... no hay luz. Sin luz, todo son peligros. La noche ampara a los delincuentes. Nadie en su sano juicio abriría su comercio de noche.
     
    Pienso en el pasado. A veces no pensamos que todas nuestras acciones, terminan por convertirse en pasado. Todo lo que está pasando terminará por ser algo que sucedió.... y nosotros tendremos que arrastrarlo a lo largo de nuestra vida porque, el pasado, somos nosotros. Por eso me resulta absurdo proponerse empezar de cero. No se puede empezar de cero porque, borrar el pasado, es borrarte a ti mismo... y tú, eres tú, con lo bueno y lo malo que has vivido. No se trata de no arrepentirse nunca o de pensar que todo fue perfecto... es cuestión de saber reconocer los errores y aprender de ellos. Saber que no todo lo hiciste bien pero, lo que hiciste mal, te sirvió para aprender a diferenciar lo correcto de lo erróneo. La sabiduria de los recuerdos. Aunque, a veces, duela saber que otras manos tocaron tu piel antes que las mias... aunque sea absurdo y sepa que ese tacto se borró de tu memoria antes que de tu piel. Tal vez mi mayor temor no sean tus recuerdos... sea formar algún día parte de ellos... sea encontrarme alguna vez en tu olvido... y no ser más que pasado.
     
    Definitivamente, me voy a la cama... maldito ruido! ;)
     
     
     
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