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    30 oktober

    Sabes QUe sOñaré, sI no Estás, qUe me DespierTo contigO

    Siempre que repaso mis escritos acabo con la misma sensación: extrañeza. No me reconozco en la mitad de mis líneas. Leo sentimientos, palabras, sensaciones que sé que he experimentado, que he vivido... pero ya no me pertenecen. Se quedaron ahí, en el momento que las vió nacer y ahora, ya se han olvidado. O, simplemente, se han atenuado tanto que parece que nunca existieron. Supongo que es, en parte, como si todo lo vivido hasta hoy ya no importara. Solo me quedan recuerdos a corto plazo y ese puñadito de momentos felices que me obliga a sonreír cuando rememoro mi pasado.
     
    ¿Se puede recordar hacia delante? ¿Puedo, realmente, sentir algo que aún no ha sucedido? A veces me pasa. Con los ojos abiertos y la mirada perdida, me descubro recordando mi futuro. No, no lo imagino... no se puede imaginar con tanta precisión. Los olores, las formas, el tacto, los vuelcos de corazón y lo húmedo del llanto. No es fantasía, es una realidad atenuada... un recuerdo. No es imposible aunque, reconozco, es ilógico. Casi nunca espero que mis actos sean lógicos. Sería absurdo perder el tiempo en verificar si una sensación es lógica o no. Hay cosas que, simplemente, son.
     
    Son días como estos los que me hacen plantearme si realmente existe el destino. Hay una cosa que nunca te he contado y no es un secreto. Es un descuido. Yo también pronuncié aquellas palabras... a partir de hoy, todo me va a salir bien. Fue después de mi accidente. Fue el mismo día que hablé contigo por primera vez. Me da vergüenza decir estas cosas porque, en realidad, yo no creo en el destino. Creo en las casualidades pero empiezo a pensar que nada en esta vida sucede por casualidad. Me resisto a pensar que todo esta escrito y que nuestro futuro es inevitable, es como encontrarse en la página quince de una novela de escaso éxito. Prefiero la idea de que arriesgamos con cada decisión. Me expongo a ganar o perder con cada paso que doy. Asumo responsabilidades. Me juego la sonrisa en cada beso. No genera adrenalina, pero es un deporte de riesgo... ;)
     
    Ya ni siquiera el diccionario parece el mismo de siempre. ¿Tú me sabrías decir por qué he tardado tanto en conocerte? :P   

    ¿Qué Me has hecho?

    Y es que dar un beso porque sí, por rutina o por cortesía no es besar... es cumplir con el expediente. Por eso, tengo un motivo para cada uno de los besos que te he dado.
     
    El primero por ser. El segundo por estar ahora aquí, conmigo. El tercero por sonreír al mirarme. Otro por dejarme arrugas en las comisuras de los labios. Por observarme fijamente. Por abrazarme repentinamente. Por decirme que te encanto. Por leer en mi mirada. Por no vengarte de mis cosquillas. Por los diez minutos de Ismael Serrano. Por la carpeta de Audrey. Por los libros (que, por cierto, me he olvidado!). Por el chupa chups. Por intentar ayudarme con mis fobias. Por los mordisquitos. Por acariciarme de espaldas. Por enseñarme dónde está el corazón. Por ganarme a pasitos. Por los cuentos contados. Por no dejar que me marchase a la primera. Por poner banda sonora a nuestras conversaciones. Por tus antebrazos. Por tu forma de pensar. Por tu voz. Por cogerme de la mano. Por los nervios que siento al verte. Por esos diez minutos de timidez. Por una tarde de adicciones. Por la palabra del día. Por tus comentarios. Puede que otro sea para curar tu quemadura de la mano. Y la del brazo. Para que dejes de buscar la felicidad en los libros, para que comprendas que todo lo que lees ya lo sabes: ya lo eres. Para que mi boca no necesite hablar para decirte que tú también eres increíble, que me encanta estar contigo, que me haces feliz. Por los momentos de felicidad, para que nunca se borren, para que nunca se acaben. Por hoy, por ayer y por cada segundo que ha pasado desde que te vi por primera vez y pensé que no podía tener tanta suerte, que no podía ser verdad. Y, sí, también te beso porque me apetece, porque adoro hacerlo y porque soy un poquito adicta y un poquito cariñosa... y porque, a veces, no necesito motivos para sentir y dejarme llevar.
    28 oktober

    No sé Que es Lo Que Me pasa, Pero SOlo Puedo Pensar en ti...

    Sonrio mucho. Más de lo esperado. Me brillan los ojos. No tengo sueño. Tengo el teléfono pegado al oído. El corazón me da vuelcos repentinos. Suspiro. Me pongo nerviosa. Mis sueños están en llamas. Estoy impaciente. Mis mejillas han adquirido un permanente tono rojizo. Mis tres estados han decidido ponerse de acuerdo: parezco feliz, estoy feliz, soy feliz. A veces, pierdo las palabras entre timidez y emociones. Me quedo en blanco. Me hundo en el sofá al escuchar el timbre de su voz. Estoy aprendiendo a flotar. Creo que podría batir el récord mundial de subir escaleras flotando (y de doblar ropa). Me apetece arriesgarme. No hacer lo que se debe o lo que se puede... hacer lo que siento y quiero. Disimular es demasiado cansado a estas alturas... y no es lo que deseo. Asumo riesgos. Acepto posibles pérdidas y anhelo pequeñas (o grandes) ganancias. He perdido el control de mis pensamientos. Estoy desconcertada, sorprendida, desorientada, risueña, soñadora, eufórica... y, la verdad, no sé que es lo que me pasa... ni porqué solo puedo pensar en ti.
     
    Depende, siempre depende... ¿de qué? De ti.  
    27 oktober

    Si quieres, Te invito a Soñar un día

     
     
    Vislumbrar : Conocer imperfectamente o conjeturar por leves indicios. Se trataba de eso. Era lo que pensaba de ti. Al principio. Siempre hay un comienzo, es inevitable. Una primera palabra, un primer sonido o una primera sonrisa. Ese instante que te permite vislumbrar a una persona. Luego, cuando pasan los primeros diez segundos comprendes que no es solo que intuyes o piensas. Empiezas a imaginar y, sin querer, a sentir. No te queda más remedio que ocultar suspiros entre risas y callar un instante para controlar ese inminente tono rojizo que recorre tus mejillas. O para no decirte que tengo una sonrisa tatuada en los labios desde que te conocí.
     
    Implícito : Incluido en otra cosa sin que esta lo exprese. Mi sonrisa lleva implícita una historia inesperada. Una casualidad de esas que provocamos con actos irracionales, irreflexivos e irresponsables. No soy capaz de arrepentirme. Sería como pedir disculpas por haberte conocido. Sería absurdo. Esta noche mis sueños estarán congelados y ni siquiera tendré que dejar la ventana abierta. Es el frío, que complementa mi calor. Complementar: unión entre dos personas.
     
    Lo mejor es, sin duda, la espontaneidad que sin querer se cuela entre frases rutinarias. Cuando me sonrojo y me sorprendo desorientada, como una quinceañera cualquiera en un callejón sin salida... y trato de ser sincera pero solo me dejas timidez y silencios. Incluyes en mi diccionario el término asertivo y te alejas cuatrocientos cincuenta kilómetros para no pensar en mí. No te saco de mi cabeza, no acierto a comprenderme y solo puedo pensar, ¿qué nos pasa? Lo peor, sin duda, tenerte a menos de diez kilómetros y más de veinticuatro horas de distancia.
     
    Seriamos buenos ciegos tú y yo. Sin gestos, sin miradas, sin sonrisas... y quedarnos sin todo lo que se calla pero se siente, lo que sin ser, es... ¿sin la magia? Y, sin embargo, asiento. Comprendo lo que sientes porque yo también lo estoy sientiendo, porque soy tan estúpida como para quedarme aquí, vulnerable y sola... con una pregunta que ya no es la que era, ni será la que fue... ¿solo un abrazo?
     
    [Siento haberme apropiado de tus frases... jiji]
     
     
    25 oktober

    Soy Todo Lo que Me pasa

    Soy desconcertante, nunca hago lo que se espera de mí. Y, a veces, soy absolutamente predecible. Nadie se lo esperaba. Soy impar, estoy segura de que, si fuese número, sería primo. Y si fuese una letra, no hay duda, la ñ.
    Soy lo que me pasa, lo que vivo y lo que invento. Soy lo que escribo y lo que borro por miedo a leerme desnuda. Soy unos ojos medio cerrados los lunes por la mañana, puro estrés los martes, una irresponsable los miércoles, obediencia los jueves, resignación los viernes por la tarde, locura los sábados por la noche y una golosa los domingos. Soy las canciones que llevo en el mp3. Soy el intermitente que se me olvida poner al girar en mi calle. Soy los mensajes que me llegan cuando algo va mal. Soy esa despedida incoherente que me dejó con la miel en los labios. Soy aquella película que tanto me gustó. Soy un libro que no consigo terminar de leer. Soy un atasco a las cinco de la tarde en la A2, dirección Alcalá. Soy la insoportable espera del siete de Noviembre. Soy los amplificadores operacionales que se me queman en el laboratorio de analógica. Soy indiferente cuando te pregunto si eso es todo. Soy realista cuando acepto que no quedaba más por obtener. Soy estúpida cuando me dejo engañar. Soy inocente si me hago la tonta. Soy una maniática. Soy esa lágrima que siempre se queda atascada en mi pupila. Soy esa forma de desafinar con M. Soy la impaciencia ahora que te espero. Soy el argumento de esa novela que nunca me quieres contar. Soy la última frase de tu historia. Soy un principio. Soy una miedosa. Soy una cobarde. Soy inverosímil. Soy el corrector ortográfico de Word cuando me pongo pedante. Soy una adicta al Google. Soy mi fotolog, mi space, mi conexión a internet y mi teléfono móvil. Soy cualquier poema de los que cuelgan en mi pared. Soy un techo sin estrellas. Soy lo que nunca fui. Soy lo que nunca seré. Soy nada y, a veces, soy todo. Soy tú. Soy el frio sin bufanda de Octubre. Soy las luces de posición en medio de una lluvia torrencial. Soy un denim pitillo. Soy un final. Y, casi siempre, soy simplemente yo.
    23 oktober

    ¿Qué le voy a hacer si No vamos a la Misma Velocidad?

    No podría calificarlo de indiferencia y, sin embargo, lo es. Es la evidencia que desnuda los finales, ese punto de incoherencia que te roba un adiós de los labios para mojarlo en tinta roja y dibujar ese punto y final que cierra la historia definitivamente.
    No deja de llover y, aunque sepa que debería estar tan triste como las nubes, con el corazón inundado y los pies empapados... no dejo de sonreír. Estoy feliz. Estoy tan absurdamente feliz que parece que es mentira.
    Cambio vocal por consonante y, aunque parezca una locura, creo que amor debería escribirse con hache. Olvido no, olvido se queda como está... con su vocal redonda y breve. Como tú y todas esas cosas que no queremos, pero no podemos tirar... las que deberían acabar en un matadero clandestino.
    Mis esperanzas, por su parte, están ahora mismo bañándose en la playa... ya ves, casi en Noviembre me dibujan un sol en el cielo y me hacen creer que estamos en verano. Y yo sonrío inocentemente, me lo creo y soy feliz... aunque luego llore, no importa. La felicidad sin tristeza no existe y es tan compleja que hay que aprender a cogerla sin miedo, sin reparos... y arriesgarse por completo en cada beso. Como si fuera el único.
     
     
    20 oktober

    Te inventaré Cada Mañana

    Me gusta la lluvia. Me gusta la lluvia observada, la que no moja, la que se huele, se siente, se nota, se sabe... pero no empapa. La lluvia que me deja seco el corazón y los pies.
    Sin embargo, nunca uso paraguas. No es cuestión de manía o estética... es mala memoria. Siempre lo olvido en casa, en el armario, junto a la bufanda y los guantes. Salgo desprotegida a pasear... y, solo a veces, pasa. Llueve y me sorprende el agua, sin ropa de abrigo ni un refugio cercano... y me mojo los pies.
    Hoy ha sido un día de esos... no ha sido la lluvia, ya no. Han sido sus consecuencias, ha sido un charco. Los charcos son como los recuerdos, se van llenando de agua y, cuando los pisas, te empapas. Normalmente, cuando esto sucede, me enfado. Hoy me he puesto triste. No paraba de llover y mi pelo, empapado, me calaba la ropa. El rostro cubierto de agua, el alma inundada, el corazón naufragando entre charcos de memoria... y yo no era capaz de correr. Solo me dejaba estar, ahí, sola.
     
    De todo esto solo he sacado en claro dos cosas: que, por mucho que te mojes, siempre acabas por secarte... y que necesito unas botas de agua.
     
    Por cierto... aunque hoy llueva, no hablo ni de agua ni de charcos ni de paraguas... ;)
    18 oktober

    Y AunQue Todo Ha TerminAdo, De hecho, Todo Está EmpeZandO

    Esas frases que me hicieron pensar...
     
    Mi amor se cae al suelo y no se queja demasiado... podría ser peor, se dice y sigue caminando... Llega un momento en el que no es peor, simplemente, es igual. Entonces no es el golpe lo que duele, es la rutina. Es conocer de antemano el final, el nudo y, aunque duela, el principio. Sí, esos principios que juegan a sorprender... a veces tienden a repetirse. Sobre todo cuando, más que un principio, es un final lo que comienza.
     
    Te buscaré mucho más allá de lo que exige el tiempo... y dormiré en cualquier lugar, con quién me deje hacerlo... y besaré todas las bocas intentando demostrar que solo existe una. Lo que me aterra es la idea de que, una vez demostrada mi hipótesis, esa boca desaparezca. O no llegue a aparecer jamás. ¿Por qué no le damos importancia a los besos? ¿Por qué siguen existiendo los besos prestados? Los besos deberían ser caóticos, inesperados, eternos, incoherentes... pero nunca deberían prestarse. Un beso es siempre un regalo, una caricia, un guiño del alma... pero pierden la importancia poco a poco. Cuando cae la ropa, se cierran los ojos, se descubren los cuerpos. Cuando el alcohol puede más que la sangre. Cuando un billete de cincuenta euros se esconde en su escote. O cuando, como ahora, son olvidos luchando por besar bocas ajenas. Son esperanzas y mentiras, sueños y fantasías. Ahora, cuando parece que cualquiera, simplemente, no eres tú.
     
    Es tarde ya para tus besos... Sí, ¿no te das cuenta? Estamos pisando un final. Sabiamos que era inevitable... que no se podía parar. Y ahora, llegado este momento, empiezas a besarme con los ojos cerrados. Pero yo ya no soy. Yo estoy, estoy con la mirada clavada en el techo, con las lágrimas congeladas, con el corazón encogido... ni triste, ni preocupada, ni nerviosa. Estoy expectante. ¿Tú conoces algo que dure siempre? Yo tampoco.
     
    ¿Dónde están los besos que por la noche te hacían volar? El príncipe azul fue un marrón y no quiso llamar... Probablemente, porque nunca apuntó tu número en su agenda. Luego, todo desaparece y solo te quedan los recuerdos. La soledad, el silencio y la memoria. No se puede vivir con una tarjeta de visita en la mano y el teléfono en la otra. Esperando. No se puede huir de un final, solo es posible aceptarlo. Yo no quiero vivir la vida de prestado, yo no quiero esperar. Un final, un principio, el momento apropiado... no existe el momento apropiado. Existe el momento, ese instante de locura que te empuja a atreverte... y solo si ganas, dirás que era el apropiado. ¿Qué pasa si pierdes? ¿Era inoportuno? ¿No sentiste en el momento adecuado? Es absurdo. Si pierdes, no era para ti. Recuerda: nada en esta vida sucede por casualidad. Ni tú, aunque lo creas.
     
    Pero nunca pasa nada, nunca más seremos dos... O sí, quién sabe... hoy solo sé que mi sonrisa no te la debo a ti.
     
    [La Fuga y Piratas]
    16 oktober

    Y Besaré Todas Las Bocas IntenTando dEmosTrar qUe sOlo exisTe Una

    Lo peor de todo es, sin duda, ese segundo de lucidez, justo después de terminar. Entonces sientes algo tan absurdo como el rechazo y tan imposible como el arrepentimiento. Tratando de alcanzar un todo, has tropezado con la nada más absoluta. Y te das cuenta de que, esta vez, tampoco era.
     
    A veces, cuando me quedo sola, me muerdo el labio inferior. Tiemblo un poco y siento un escalofrío tiritando en mi garganta. Cierro los ojos, respiro hondo... y siento como la melancolía me oprime el pecho. Es el círculo del noventa y nueve. Vivo buscando esa unidad que me separa del cien. No comprendo que mi cien termina ahí, en el noventa y nueve. Que mi todo no es un número redondo. Por eso no soy feliz.
     
    No soy feliz porque nunca encuentro todo lo que buscaba. Nadie es completo a mis ojos. Nada es perfecto. Y, sinceramente, la perfección es una quimera. Lo sé. Conozco las teorías, los axiomas, las verdades irrefutables y los razonamientos lógicos. Pero siempre me queda eso, ese grado de ignorancia que se eleva al cubo cuando roza un sentimiento... esa estupidez incontenible que me obliga a cerrar los ojos y soñar como si fuera sencillo, como si no importara el hecho de que todo sueño termina con una decepción.
     
    Yo no devoro almas. A veces siento que me consumo en cada intento de saciar mis ansias de atrapar algún sentimiento ajeno. Me devoran a mí. Por suerte, soy inmensa. Nunca termino y siempre tengo un atisbo de esperanza a punto de comenzar. No mentía cuando aseguraba que lo mío eran los principios. Sé que algún día terminaré por desaparecer. Entonces, todo será más sencillo. Podré llorar con lágrimas de verdad, no de esas que invento para justificar mi pena. Podré mirarte a los ojos y pensar que eres lo que veo, que no hay más... que no voy a encontrarme en ti por mucho que busque. Podré hablarte sin miedo a quedarme desnuda, a que la ropa se me caiga en cada palabra que rescatas de mis desvaríos. Podré conversar sobre trivialidades sin sentirme vacía. Y ese segundo de lucidez desaparecerá para siempre. Ese resquicio de mi alma que me mantiene tristemente viva, se irá de un bocado y yo dejaré de ser para siempre. Solo estaré. Y entonces, probablemente, tampoco seré feliz... pero mi sencillez me hará sonreír. Porque el motivo de mi angustia no es que me falte una unidad para llegar a cien... es haberme olvidado de que tengo noventa y nueve.
     
    Pdta: Para quienes se preocuparon por mi anterior post... aparte de daros las gracias, deciros que ya estoy bastante mejor. Sigo de baja pero con un poco de suerte me dan el alta el miércoles. Muchos besos!
    13 oktober

    ViVir Para ConTArLo

    Hay quién dice que ves pasar la vida por delante. Yo no ví nada. De repente alguien, puede que yo, gritó y, acto seguido, todo estaba oscuro. Sentí un impacto fuerte, muy fuerte contra mi rostro y todo se llenó de humo. Lo primero, lo más importante fue saber que todas estábamos bien. Luego era salir de allí, por la ventana o la puerta, pero estaban atascadas. No sé si fue Ana o uno de los guardias civiles que, de casualidad, estaban cerca de allí cuando chocamos y nos vinieron a socorrer... pero alguien abrió una ventanilla trasera. Bea me ayudó a desabrochar el cinturón. No sé cómo salí del coche. No sé cómo aguanté allí, junto al coche de la guardia civil en medio de la carretera, con la cara completamente quemada y sin llorar, viendo a Bea sin respiración, asustada. Pensando que, en el fondo, éramos afortunadas. Entonces sí, entonces mi vida entera pasó por delante de mis ojos. Pensé en todos vosotros y vosotras, en todos los momentos que he vivido y los que he dejado de vivir por miedo, en todas las risas y las lágrimas, en todos los recuerdos, los lugares... todo lo que he visto, lo que me queda por ver, lo que deseo... todas las palabras que me guardo, lo que seinto y nunca digo... Pensé que nada es tan importante cuando te quedas atrapado en un coche que ha volcado en la carretera con una de tus mejores amigas. Pensé que ni el dinero, ni el poder, ni la belleza, ni la fama podrían comprar su voz diciéndome que estaba bien, el abrazo que me dió al salir del coche...  pensé que mi cara estaba quemada y que, probablemente, estaría horrible... pero podía caminar, podía respirar y podría volver a sonreír (aunque me duela la quemadura). Pensé que podría volver a ver a Paloma, a Pili, a Rocio, a Rebe, a Cris al cuadrado, a Lara, a Laila, a Marina, a Belén, a Eva, a Pablo, a Edu, a Pla, a Dani... que podría volver a tener conversaciones a las once y diecisiete,  escribir en el blog, leer vuestros comentarios, hacerme fotos... valoré cada lágrima que resbalaba por mi rostro horas después, en el hospital, porque es maravilloso sentir una lágrima, sentir la vida, por triste que sea... pero sentir la vida sobre tu rostro.
    Dicen las radiografías que no me he roto nada. Los médicos me dijeron que estaba intacta, que las quemaduras se curarían y que con un par de días de reposo volveria a ser la de siempre... pero resulta que no es verdad. No soy la misma de siempre. Puede que sea el shock o la conmoción cerebral, pero una parte de mi alma se despertó con el golpe. La que se atreve, lucha y actúa. La que no tiene miedo de decir "te quiero", de llorar o de mostrar sus sentimientos. La que no pierde por miedo a peder.
    Ahora os escucho por teléfono y os cuento lo aparatoso de mi accidente mientras pienso que nunca había apreciado el timbre de vuestra voz, esos silencios que dejáis cuando estáis preocupados o un suspiro de alivio entre "estoy bien" y "eso es lo importante".
    Hoy ya no es ayer. Hoy es hoy y solo las cicatrices me recuerdan el pasado. Hoy soy otra. La misma de siempre, pero distinta. Hoy os digo que os quiero, que os adoro... y que soy enormemente feliz por poder estar aquí, pulsando mi teclado un día más... como si nada.
    11 oktober

    OnCe y DiecisiEtE

    encantar1.
    (Del lat. incantāre).
    1. tr. Someter a poderes mágicos.
    2. tr. Atraer o ganar la voluntad de alguien por dones naturales, como la hermosura, la gracia, la simpatía o el talento.
    3. tr. germ. Entretener con razones aparentes y engañosas.
    4. intr. Gustar en gran medida, agradar mucho. Le encanta el cine.
     
    (sonrisa absurda)
    09 oktober

    ¿Y cóMo le poDría Yo eXplicar Que la pEna DuRa TantO como QuieRas tú SeguiR LLorAndO?

    << Quieres que me entregue a ti y olvide que mañana estaré esperando a que me llames... No sé porqué insistimos en pensar que todo va a acabar siempre mal cuando nunca pasa nada. Tenemos que encontrarnos al final y hablar como solíamos hacer cuando tu ya me importabas... Mi grado de frustración es siempre ambiguo y las cosas que me gustan siempre me hacen llorar. Mi infancia ha sido tan larga que nunca acaba de terminar y sigo sin encontrar algo que me divierta de verdad...>>
     
    Soy igual, pero distinta. Me parezco tanto a las demás... y eso es lo que más me preocupa: pasarme los días tratando de marcar una diferencia que no existe y, en su inexistencia, me tortura. Porque siempre ha sido más fácil pertenecer a un rebaño, seguir unas normas y actuar de un modo lógico. Como cuando decido no empezar un libro hasta haberme terminado otro... o cuando dejo pasar dos minutos de mi reloj para que mis actividades comiencen a una hora punta. Porque yo puedo ser igual, puedo ser un orden constantemente angustiado por los horarios, los planes atados y la seguridad bien firme bajo mis pies.
    Luego todo eso desaparece, así sin más... se me escapa la cordura o pierdo el reloj repentinamente y me da igual todo. Me enamoro a las ocho y trece minutos. Sin dejarte de querer, empiezo a llorar. A las ocho y veintesiete. Te olvido de imprevisto, de un segundo a otro. No sé a ciencia cierta si mañana te recordaré de nuevo. Y la ropa, en mi armario, se amontona. Son como recuerdos arrugados, apilados en las baldas de madera azul. Te amontonas tú en mi vida, tú y todo aquello que no consigo arrancarme del alma, todo lo que odio porque ya no me duele, porque parece que ya no me importa haberte perdido... haber renunciado a ti. Porque me duele seguir adentrándome en el bosque, buscando ranas a las que besar mientras sueño con príncipes encantados y cuentos de hadas. Soy una niña, que novedad. Inevitable significa que no se puede parar. Me caeré de golpe, una vez más. Y no estarás ahí para sostenerme. Ni siquiera quiero que estés. Quiero besar la tierra con la boca, probar su sabor de una vez por todas... sentir su crueldad en mis dientes, la sangre fluyendo, el dolor. Crecer de golpe a base de golpes. Sentir que ya no te necesito, comprobar que no fuiste lo que más me dolió.
    Y, sin embargo, existe un segundo... una milésima del día que me divide en dos. Deja a un lado a la que está, a la que es hoy y ahora... y se queda con la que fué y nunca más será. Se miran, frente a frente. No se reconocen, no se gustan... pero sienten curiosidad. Saben que se pertenecen, pese a todo.
    Luego vuelvo a ser igual, igual al resto. Me miro al espejo y veo una más. Sin nada especial, sin nada que llame la atención o sugiera que, durante ese segundo, he llegado a alejarme tanto del universo como mis dos almas han querido. Porque yo soy dos. Y soy una. Y no soy. 
     
    *Escuchando a Piratas  (Gracias, pequeño)
    08 oktober

    Era de Noche y, Sin EmbArGo, Llovía

     

    Era de noche y, sin embargo, llovía. No como las noches anteriores, como todas aquellas noches rutinarias de oscuro cielo despejado nocturno. Llovía y esa lluvia cambiaba todo.

    ¿Qué cambio pueden proporcionar cuatro gotas de agua? Aparentemente, ninguno. Para ella, todo.

     

    No es que fuese más importante o necesaria que el resto. Ni siquiera era especial. Era esa indiferencia que ponía de manifiesto ante su vulgaridad la que dividía su mundo en dos mitades: ella y el resto. Ella y el universo. Ella y aquella lluvia nocturna.

     

    Por eso, tal vez, salió aquella noche a pasear. Sin paraguas, sin abrigo, sin preocupaciones. No entendía aquella absurda manía de esquivar la naturaleza, de cubrirse para que el agua no rozara sus cabellos… el agua era vida, ella era vida… y aquella lluvia solo la recordaba que era un elemento más en el universo, un trozo de vida rodeado de vida.

     

    Pensó que, si el mundo fuera ideal, todas las noches llovería y todos los días serían soleados. Luego rectificó. Si todo fuera siempre perfecto, la perfección dejaría de hacernos felices. Sería rutina. La rutina, por mágica que sea, es aburrida. El aburrimiento mata a las sonrisas. Definitivamente, se quedaba con sus días grises, su cielo despejado y sus cambios bruscos de temperatura. Era una sorpresa diaria. Abrir la ventana y descubrir el humor de la naturaleza. Su propio humor durante el resto del día.

     

    Ese era el cambio, la diferencia de aquella noche respecto a las otras. Era tan sencillo como un paseo. Tan suave como el agua resbalando sobre su rostro. Tan íntimo como la soledad de una calle vacía. Tan etéreo como un pensamiento a medianoche. Tan real como sus pisadas sobre el asfalto mojado.

    05 oktober

    Me eNamOro de toDo... me ConFormO coN NaDa

    Soy una miedosa, eso es todo. Por eso finjo constantemente ser fría y superficial. Así es imposible percatarse de que, en realidad, estoy temblando. Como ahora mismo, como cada noche.
    Me aterran los principios. Quizás porque son deliciosos y poderosos. Siempre con sus ilusiones recién pintadas, con su esperanza verde brillante, con sus sonrisas y sus besos de sabores... me aterran los principios porque llevan un final implícito. Una fecha de caducidad escrita en el reverso. Los principios son una maldita lata de conservas.
    Luego estás tú, que ahora comienzas y solo yo sé cuánto puedo pensarte a lo largo del día... y no eres, pero estás. Ligado a cada suspiro que, sin querer, derramo en mi mirada. Estás atravesado en esas pequeñas palabras que parpadean en mi barra de tareas. Estás sonriéndome al otro lado de mi tft, unidos por el protocolo tcp/ip que, según mi profesor de telemática, es el que hace minúscula la i de internet.
    Yo no soy más que una mentira. Ni siquiera miento, no me hace falta. Soy puro engaño, soy irreal. Parezco pero nunca soy. Solo simulo estar. Aparento, disimulo y me escondo. Nunca me muestro del todo porque temo que, al descubrirme, salgas corriendo. Soy compleja. Nunca dije que conmigo las cosas fueran fáciles. Todo lo contrario. Vengo escrita en el dominio de Laplace. Soy una maldita variable. Ni siquiera las matemáticas me entienden.
    Me parece especial y diferente, me parece mágico e imposible... y, sin embargo, sigo con la estúpida sensación de que terminará por ser igual. Ese algo que me hace creer que no merece la pena intentarlo da saltitos sobre mi hombro izquierdo. Me hace sentir una idiota que pierde el tiempo cerrando los ojos bajo mi techo sin estrellas. Ya no volverán, ya todo pasó. Y estoy mejor así, ¿sabes? Aunque me queden esas pequeñas cicatrices, esas cenizas que queman más que el fuego, esos trocitos de resquemor que se anclan al alma y supeditan cada uno de tus actos a su memoria. Eso que me hace no estar cuando me buscas, no ser cuando coges mi mano... ese hilo de plata que nos separa en mis sueños.
    Yo nunca sueño. Eso digo. Esa es mi mentira. Ni sueño ni lloro ni siento. Dejo de ser cuando las palabras se desplazan desde mis dedos hasta mi garganta. Cuando no escribo, solo miento. Me escondo, me aparto, me alejo... y no aprendo a rectificar, no aprendo a quererte porque estoy aterrada. Tengo miedo a tener miedo.  
     
    *