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    December 31

    Hacemos el BalanCe de lo Bueno y Malo... cinCo MinuTos Antes de la Cuenta Atrás...

     
    Un año más se me escurre entre los dedos... se escapan sus segundos, sus horas, sus recuerdos... y me quedo sola frente a trescientos sesenta y seis días de incertidumbre. Sin saber qué o quienes lo ocuparán, qué pasará, que desaparecerá o que comenzará. Sin esquemas ni guiones, sin ideas, sin apuntes, sin ayudas... sin remedio. Puedo imaginar, puedo hacer un esbozo general de un año que, probablemente, ni me sorprenda tanto, ni me asuste. Puedo asegurar que, como siempre, alguien abandonará mi historia. La gente va y viene, como el agua de los ríos, se renuevan... y no es necesariamente malo, es una cadena evolutiva, una ley de vida más. Sé, además, que habrá fechas señaladas, las de siempre se repiten, se celebran y se confunden con las anteriores. Habrá relatos, fotografías, anécdotas, risas, lágrimas, rutinas, sorpresas, viajes, exámenes, trabajo... las pequeñas cosas predecibles que, invariablemente, se producen constantemente en mi vida. Esa pequeña rutina que no me abandona, la apuesta segura, la certeza... Y luego estará todo lo demás. Lo que, para alegría o decepción, sucederá inevitablemente. Esos traspiés que da la vida, los caprichos del destino, la esencia... lo que convierte un año en otro y hace que consigas distinguirlos cuando, pasados muchos años, tu memoria no es ni tan joven ni tan sabia como tu vaticinabas que sería...
    De este año que termina rescato varias cosas. Me quedo con mi niña, con su sonrisa traviesa y sus ganas de aprender, su fuerza y su energía, su vitalidad... Me quedo con cada uno de los segundos compartidos con él, con su apoyo y su cariño, con su comprensión y nuestras constantes, con los domingos en la habitación verde, con las cenas para niños y las cosquillas que nunca me deja hacerle. Me quedo con las chicas, con las risas que hemos compartido, con esa sensación de que vamos madurando, con los sábados por la noche, las llamadas a partir de las seis, el viaje a Alicante, las cenas elegantes... Me quedo con mis padres, con la sensación de protección que me dan, con saber que, cuando todo falle, ellos no lo harán, con la seguridad, con los dias en familia... Me quedo con Cristina, que siempre, siempre sabe lo que estoy pensando, que siempre está, que no sabe decepcionarme... Me quedo con todas esas personas que permanecen, con quienes, sin conocerme, me dan su apoyo a diario, con quienes me conocen y, aún así, siguen a mi lado, me quedo con los buenos recuerdos, con los sitios que he visitado (Amsterdam, Bélgica, Asturias, Portugal, Grecia...), me quedo con las novedades y las buenas noticias, con los grandes momentos en buena compañía, con cada instante en el que he sentido que no estoy - ni nunca he estado -  tan sola como me creo, con cada persona que se ha preocupado por mi, que me ha preguntado, que me ha llamado, con quienes me manifestaron su apoyo cuando más lo necesité, contigo, que me lees sin decir nada, con quién me lee y me lo recuerda... En definitiva, me quedo con todos y cada uno de los días de este 2007 que termina porque ni uno solo de ellos se ha marchado sin dejarme una lección aprendida.
    ¡Feliz 2008!
    December 30

    Como Sobré Pa' Ti alGún Día Cuando Me FaltaBas

     
    Digas lo que digas, ahora lo pienso fríamente y sé que no existió. Todas aquellas palabra, todas aquellas promesas... no existieron. Y, de ti y de mi, tan solo quedo el vacío al que me arrojaste. Luego estaba todo lo demás. Las noches y las estrellas, las miradas que pedían asilo político a la razón, las manos que se quedaban a medio camino, las intenciones, que de buenas, se quedaron en el intento, las idas y venidas, los síes y los noes... y aquel puñadito de estrellas que se cayó de mi techo una mañana cualquiera. Y todo, absolutamente todo, se escurrió por el desagüe. Quite el tapón de mi bañera y dejé las cañerías se tragasen aquella parte de mi pasado. y empecé de nuevo. Más frágil, más vulnerable pero, de un modo ilógico, más fuerte. Y, aunque dejsate en mi tus miedos, aprendí que yo también podría ser algo de lo que enorgullecerse. Aprendí a quererme, a valorarme... me enseñaron que yo podía ser especial, única... que me merecía ser querida.
    Es curioso como funciona la memoria. Aprendemos de forma inmediata a huir de lo que nos duele... asimilamos verdades que nos impone la costumbre, renunciamos a nosotros mismos por un cúmulo de actitudes ajenas... y, cuando la verdad se nos muestra desnuda, desconfiamos... y seguimos pensando que lo aprendido era más real que lo que vemos... aunque ahora sea más cálido, más suave... más cierto.
    Queda en mi una pizca de lo que fuí. Nunca nos perdemos del todo... solo vamos avanzando, renunciando a pequeñas cargas, abandonando viejas costumbres, cambiándolas por otras nuevas... vamos encontrando nuestro camino, tropezando y volviéndonos a levantar... la esencia, la esencia siempre se mantiene pero nosotros ya no somos una fotocopia del pasado... incorporamos nuevos matices, nuevas sensaciones, nuevas experiencias... y el brillo de nuestros ojos nos delata cuando decimos que nada cambió.
     
     
    Escuchando. [Diego Martín - Puntos suspensivos]
    December 27

    IWhere everything’s nothing, without you

     
    Mendigando cada uno de sus besos. Triste. Como los días que amanecen lloviendo. Y sabes que habrá más tráfico, más charcos, más nubes en tu pelo... y todo es un poquito peor porque el agua se escurre entre tus dedos... escapa. El paraguas se ha quedado en el coche. Nunca llegaste a comprar botas de agua. Te creías a salvo de la lluvia. Pero nada escapa... huir nunca fue fácil. Y los cinco minutos que te faltan se anclan a tus muñecas. Te atrapan, te encadenan a todos esos momentos que se resignan a ser vividos. Y una muesca más se dibuja en tu coraza. Otra sonrisa que nunca fué, otra excusa... una entrada más para tu lista... mil formas de matar mi alma.
    Hubo un día en el que todo fue fácil. Así se dibujan los comienzos. Te acostumbras a la suavidad del terciopelo y, cuando descubres el papel de lija bajo tu piel, lloras. y las lágrimas se acaban acomodando en tus retinas. Y un día, ya no eres sin ellas y ellas no son sin ti. Te vuelves una gota de agua más entre la lluvia.
    Los comienzos son traicioneros. Falsos, hipócritas, desmedidos, ilusos, locos, inconscientes, fugitivos... los comienzos hacen mil promesas que saben que nunca serán cumplidas porque, los finales, son traicioneros, dañinos, arduos, complicados, inesperados, dolorosos... y te dejan con un sabor a nada en los labios... te dejan una aguja sin hilo para coser tu corazón roto. Terminan así, tristes y solos. Y los principios desaparecen entre recuerdos. Sin responsabilidades, sin advertencias, sin disculpas...
     
    Necesito mucho más de lo que conseguirían contener mis brazos... sumergirme de lleno en el agua sin guardar aire en mis pulmones... necesito esos cinco minutos... no decir nada, mantener al silencio de aliado, sentir que estás al otro lado... necesito remolinos en mi pelo, susurros en mi espalda, caricias en mi alma... necesito que repitas mis palabras, que te leas en mis líneas, que encuentres lo que he perdido... necesito recuperar ese principio... ese sueño, esa locura... te necesito.
    December 22

    Abrázame... Y no Me diGas nada, sOlO AbrázamE...

     
    Las palabras se quedaron hace tiempo en el lado de lo prescindible. Nosotros, desnudos y en silencio, dimos dos pasos más allá. Y nos situamos en ese punto donde casi todo sobra. En el momento exacto en el que los cuerpos se saltan las fronteras para fundirse en un solo... y todas esas apariencias desaparecen bajo una colcha de evidencias. Lo que somos sale al exterior y no nos queda nada que ocultar ya. Podríamos evaporarnos en un suspiro y el mundo no dejaría de girar.
     
    En el fondo del vaso siempre queda un rastro de contenido. Ese líquido que se aferra al vidrio para no desaparecer del todo. Supervivencia. Como si, salvando una parte de su pasado, pudiese protegerse de su futuro. Lo inesperado asusta a todos por igual, es un hecho.
     
    Cuando notes que pierdo la mirada y mis ojos comiencen a ponerse vidriosos... abrázame. Si agacho la cabeza, suspiro o bajo la voz... abrázame. Si sonrío emocionada, salto de alegría o me tiembla la voz... abrázame. Y si sientes que nada ha cambiado, que estoy exactamente igual que hace unos minutos, que no manifiesto emoción alguna, que estoy aburrida, silenciosa, ausente o preocupada... abrázame. Sin pedir permiso, sin motivos, sin razones, sin momentos apropiados, sin explicaciones, sin sentirte obligado, sin saber porqué... abrázame, abrázame sin parar, envuélveme entre tus brazos, déjame sentir tus latidos, tu respiración en mi cuello, tu calor, tu silencio... abrázame y no me digas nada, solo abrázame...
     
    Quisiera vivir en un decorado de cine. Enormes casas de cartón piedra rodeando calles inventadas. Coches sin motor aparcados en las aceras. Puertas que, al abrirse, dejan ver el vacío que contienen. Focos jugando a ser soles, máquinas que fabrican lluvia, ventiladores disfrazados de viento... y yo, perdida en mi decorado. Caminando por mis calles prefabricadas, diseñadas para mi guión. Mi final feliz, mi argumento, mis personajes... a mi medida, para mí. Un lugar en el que nada se escapase de mis manos. Sin sorpresas, sin contratiempos, sin rutinas... es imposible establecer una rutina en dos horas de grabación. Un mundo ficticio donde pudiera modificar todo lo que me asustase o disgustase. Y ser la directora de mi pequeño decorado. Ese lugar donde escapar no sería una necesidad, pero si una opción.
     
    Giraré sobre mi misma bajo la lluvia de Diciembre. Menos cinco grados a mi alrededor. Y giro y giro. Y doy tantas vueltas, que pierdo la cuenta. Y mis ojos se cierran, y mi cuerpo, por inercia, sigue girando sin parar. Y, de tanto girar, desaparezco. Y no vuelvo a casa por Navidad. Y todos se preguntan donde estoy. Y yo no escribo, ni llamo, ni cojo el teléfono. Y no hay nada, absolutamente nada que pueda hacerme cambiar de idea. Y puedo elegir, puedo decidir, puedo empezar de cero... y lo hago. Escojo, elijo, decido, cambio... y, un día, dejo de girar, abro los ojos, miro a mi alrededor... y solo entonces comprendo que, después de tantas vueltas... vuelvo a estar donde empecé.
     
     
    [Pequeñas reflexiones inconexas]
    December 14

    Ya no sé si Estoy DespierTa O tenGo Los Ojos AbierTos

     
    El reflejo del agua tintinea en la pared. Es una onda circular que se mueve al compás del teclado que, en este preciso instante, pulso con decisión... como si supiese lo que voy a escribir o tuviese la más mínima idea de como camuflar la carencia absoluta de temática en mi escrito. No, ya no escribo como antes. No digo que antes fuese brillante o ingeniosa, era igual de mediocre... pero tenía ganas. Siempre tenia una idea rondando mi mente, una iniciativa, la necesidad de escribir... tenía, incluso, la absurda idea de que algún día, podría ver publicados mis textos. Nunca he escrito más de cincuenta páginas seguidas y tengo delirios de grandeza. Nunca pretendí ser coherente, solo soñaba...
    Y, de repente, me despierto un día inmersa en la realidad. Esa realidad que, en pleno Diciembre, te recuerda que cinco grados bajo cero son suficientes para congelar hasta tu respiración. Esa realidad de cada mañana, cuando el despertador suena a las seis y media y comprendes que no hay forma alguna de seguir durmiendo y salir indemne de la situación. Cuando las responsabilidades pueden a las ganas, los sueños y las esperanzas... cuando te das cuenta de que te has convertido en esa pieza del puzzle que siempre juraste no ser, esa que se parece tanto a las demás que podría colocarse en el hueco inapropiado y pasar desapercibida. Eso soy yo, una pieza de relleno de un puzzle incompleto. Mis sueños tintinean tanto como el reflejo del agua en la pared. Es como si temblases de miedo ante la idea de romperse para siempre.
     
    Inseguridad. Ese es mi día a día. No me considero una persona decidida, segura o grandilocuente. Tengo espectativas reales sobre mi persona. Sé que no soy espectacular, especial o una de esas personas que, de buenas a primeras, se convierten en imprescindibles. Nunca tuve un talento o una capacidad especial para algo. Lo mejor que he sabido hacer en toda mi vida es escribir y hasta en eso soy mediocre. Me dejo llevar. Sigo la corriente como una gota de agua más. Incapaz de luchar contra la fuerza del río. Y no me quejo. Cierro los ojos y dejo que el tiempo me arrastre... y, mientras tanto, siento que me falta algo... pero también siento que, aunque lo tuviese, terminaría por adaptarlo de tal manera a mi rutina que se convertiría en algo más y, entonces, volvería a este estado de carencia absoluta. No me refiero a algo como unos zapatos o un bolso. Me refiero a algo interior. Una fuerza, un talento o la determinación de cambiar todo radicalmente. Algo tan drástico, que hasta mi nombre quede al revés. ¿Y después qué? Volvería a cansarme de mi mundo boca abajo. Porque somos así, es cierto. Los humanos somos inconformistas, soñadores y egóístas. Pensamos que todo estará mejor en el futuro, pero no comprendemos que el futuro es algo que nunca llegaremos a vivir porque, cuando estamos a punto de alcanzarlo, se convierte inevitablemente en presente... y volvemos al principio de la historia.
     
    Me gusta aparentar lo que no soy. Más que gustarme, me sale solo. Ya ves. A veces aparento tanto, que ya ni recuerdo como empezó todo... ya no sé ni quién soy. ¿La pija empedernida que dice entender de zapatos de diseño? ¿La futura ingeniera friki que dice disfrutar con las clases de comunicación de datos? ¿La escritora bohemia que aparenta vivir en un mundo interior rico y variado? ¿La amiga antisistema que pasa de maquillarse entresemana? ¿La hija borde que echa la culpa a sus padres de que hayan cortado el agua? ¿La novia egoísta que llora cada vez que pasa dos días sin su pareja? ¿La chica dura que dice cosas como "que me llame él"? No soy ninguna de ellas y, sin embargo, he terminado por ser una mezcla de todas. Nadie me conoce porque ni siquiera yo me conozco. No soy siempre igual. Tu solo ves de mi una parte, la que yo quiero que veas. Puedo disfrazarla, interpretarla, maquillarla y vestirla para la ocasión... pero nunca la dejo al descubierto. No recuerdo bajo que capa de maquillaje se escondía y, así, es imposible encontrarla. Me encuentro tan desubicada en mí misma que ya ni siquiera me encuentro en mis letras. Antes podría reconocerme... pero ahora me he dado cuenta de que ni siquiera cuando escribo me siento libre de ser quién soy. Siempre con cuidado de no ofender, de no dejar de ver más de lo que me interesa mostrar, siempre tratando de ser formal y correcta, de no ser demasiado íntima, demasiado explícita... ¿para qué? Nadie lee lo que escribo. Nadie se molesta en escuchar lo que digo. ¿Por qué me doy tanta importancia? Creo que, de un modo u otro, todos lo hacemos. A fin de cuentas, somos el centro de nuestro propio universo. Somos nuestro propio Sol. Y nadie, absolutamente nadie, debería olvidar eso. Será egoísta y absurdo, pero es la única manera de afrontar el día a día sin derrumbarnos. Importarle a alguien, aunque sea a ti mismo, está en la lista de imprescindibles.
     
    Y aquí estoy yo. Un viernes por la noche observando el tintineo de un vaso de agua que lleva tres días en el escritorio de mi novio. Me duele la cabeza y creo que tengo un principio de constipado, me he despertado a las seis de la mañana para ir a trabajar y he pasado la tarde en casa tratando de estudiar sin conseguirlo porque tenia la mente demasiado ocupada enfadándome, había hecho mil planes que no he cumplido y he tenido que venirme aquí porque alguien ha cortado el agua en mi edificio y yo necesitaba una ducha calentita. He cenado sola frente al ordenador y ahora me pondré alguna película para verla sola y recordarme a mí misma que yo soy la mejor compañía que una chica como yo puede tener el viernes por la noche más patético de su existencia.
     
    Esto último ha sido fruto de la sinceridad inesperada que me ha entrado al saber que nadie me lee y, por tanto, todo lo que diga o haga jamás podrá ser utilizado en mi contra (y la fiebre, que me hace desvariar).
    December 06

    SoliDariDad

     
    Somos solidarios, no puedo negarlo. Los cinco minutos que duran las imágenes del telediario, solo podemos pensar en lo mucho que nos apena ver a esa pobre gente sufriendo. Cuando suceden grandes catástrofes naturales o cuando comienza alguna guerra, sentimos esa humanidad en nuestro interior que nos obliga a empatizar con el sufrimiento ajeno y entonces sí, somos solidarios. No hacemos nada, no decimos nada pero, durante unos segundos, ayudaríamos a esas personas sin dudarlo... Pero siempre hay un después. Y entonces llegan los anuncios, los deportes o la información metereológica... y olvidamos todo lo malo del mundo para centrarnos en nuestra propia realidad. Demasiado lejos es todo lo que esté a cinco centímetros de nuestra piel. Y, cuando no nos sucede a nosotros, parece demasiado irreal para tenerlo en cuenta.
     
    ¿Qué somos? Tenemos más de mil maneras de aportar nuestro grano de arena para salvar miles de vidas cada día, para proporcionar un futuro mejor a los desamparados... pero no hacemos nada. Sentimos que, quizás, sea demasiado insignificante para llevarlo a cabo o que, si obviamos el problema, llegará a desaparecer. Algunos lo olvidan tan drásticamente que creen que debajo de Europa solo queda el mar. Sin puñales, matamos por omisión a todos aquellos que suplican ayuda.
    Vivimos en la sociedad del egoísmo, en una época en la que resulta más sencillo cerrar los ojos y no escuchar, vamos perdiendo lentamente la poca humanidad que nos queda. Nos importa más el dinero que una vida humana. Vamos perdiendo la habilidad de empatizar, de entristecernos... y nos hacemos duros como piedras. Ya nada nos afecta. Vemos desgracias y desgracias a diario. Están en todas partes: en la televisión, en la radio, en los periódicos... en la casa de enfrente... pero nos da igual mientras no seamos los protagonistas. Vivimos en nuestro microuniverso, ajenos a todo.
     
    Si cada uno de nosotros tuviera un gesto, aunque fuese algo insignificante o absurdo.. aunque pensase que no iba a servir de nada... construiríamos un gran gesto, un gesto relevante e importante que sí serviría de algo. Y es que cada detalle cuenta. Cuenta cuando apartas dedo del mando a distancia mientras ves las noticias, cuenta cuando se te escapa una lágrima al escuchar la última tragedia en el mundo, cuenta cuando participas en un acto benéfico,cuenta cuando compras un producto solidario... todos estos pequeños gestos se unen para formar un gran gesto que, aunque solo sirviese para salvar una vida, para devolver la esperanza a una persona que la había perdido, aunque solo sirva para conseguir un 1% de lo que se necesita... merece la pena. Porque en este mundo, nada es insignificante.
    December 01

    ... QuieRo SerLo TodO ...

     
     Si fuera una línea recta, tus besos se esconderían en cada una de mis esquinas. Rezagados e indefensos, dejarían mi piel temblando ante sus caricias insolentes. Nos perderíamos en la oscuridad, tú y yo. Mis líneas rectas envolverían tu cuerpo en celofán transparente, te anudaría fuerte con un lazo y perdería en ti mis formas. Me encerraría, encogida y silenciosa, en el último rincón de tu espalda, protegida por el relieve de tu cuerpo. Y mi sombra se pasearía con la tuya bajo la luz de la luna. Con un puñado de estrellas en cada mano, escribiríamos en el cielo el estribillo hortera de cualquier canción de amor. Como si hoy no fuese hoy, como si el tiempo nunca hubiera pasado y fuésemos dos principios que no saben que, a veces, los nudos ahogan. Como dos extraños que, de repente, comprenden qué hace que la vida valga la pena.
    Yo sería escurridiza e innacesible, me escaparía de tus manos temblorosas con la rigidez de mi línea. Te haría girar, girar, girar... y tambalearte. Hasta tumbarte en el suelo para poder enredarme en ti, yacer a tu lado y escuchar tu respiración cansada recuperar el aliento. Tu corazón agitado marca cada uno de mis latidos. Y yo sería lo que tu quisieras que fuese. Me dejaría ir por ti. Por ti, también, volvería.
    Podríamos no ser nada, serlo todo y reinventarnos. Perder el argumento y quedarnos con los efectos visuales. El sonido, la imagen, en color o en blanco y negro. Desaparecer y perdernos para siempre. Podría huir contigo, escabullirme por cualquier agujero de la realidad. Escribir una nueva hoja en blanco, cambiarme por completo, seguir siendo yo, buscar un sitio mejor para ambos...
    Si fuera una línea recta, dejaría mis curvas dobladas sobre tus brazos. Prescindiría de mí, del aire, del suelo que me sostiene, de la realidad... y me perdería en cualquier eje de coordenadas, con mis extremos apuntando al infinito. Y sabes que volvería a enredarme sobre mi ombligo para tumbarme a tu lado. Haría de la vida un sueño, haría de los sueños realidad y de la realidad deseo. Y cogería mis curvas de tus brazos para vestirme de nuevo. Y sería yo, tal como me conoces. Y todo parecería igual pero en el fondo, siempre sabría que algo había cambiado.