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    February 26

    MetrO

     

    Son las seis menos veinte de la tarde. Estamos en Madrid, a 14 de Febrero de 2007.  Concretamente, la línea 2 de metro dirección Ventas. La última parada que ha sido anunciada por megafonía ha sido Canal, correspondencia con línea 7.

    Hoy no he tenido suerte y, como tantos otros, voy de pie. He salido de trabajar hace un rato ya pero, antes de bajar al metro, he pasado por la pastelería que hay al final de la calle. En un principio, iba a comprar solo una cajita de bombones pero, cuando he entrado, he visto una piruleta enorme con forma de corazón y un “te quiero” escrito en el interior… no he podido evitarlo, también me la he llevado. Los regalos son para mi novia, Maria. La verdad es que nunca he creído en estas cosas pero, esta mañana nada más levantarme, he recibido un mms suyo. Era una foto que nos hicimos en Nochevieja, con un pequeño texto “Eres lo mejor que me ha pasado nunca. Te quiero”. En ese momento he dejado de pensar que San Valentín era un día estúpido. Ella se merece todo y más.

     

    Me pone nerviosa este día. Es como si todo el mundo estuviese enamorado menos yo. Ese chico con la piruleta gigante, aquella mujer y su ramo de rosas, la pareja del fondo… es desesperante. Mientras tanto, yo aquí sola, viendo como se me pasa el arroz. ¡Qué absurdo! ¿Qué hago yo pensando eso? ¡Parezco mi abuela! Supongo que es cierto eso que dicen, lo de que el amor llega cuando menos te lo esperas… y yo llevo toda la vida esperándolo. Estoy bien sola, tengo mi independencia y esas cosas pero, a veces, me gustaría tener a alguien… cogerle la mano, compartir mi rutina, tener que volverme loca pensando regalos para fechas como la de hoy… pero no, no tengo a nadie, salvo a mí misma. ¡Sol! Creo que bajaré a hacer algunas compras. Que esté sola no tiene que significar, necesariamente, que hoy no tenga un regalo…

     

    Al final no se la he dado. Soy un idiota. Era la oportunidad perfecta, la tarjeta perfecta… pero no he podido hacerlo. Si ella se lo hubiera tomado mal y lo hubiese ido contando por clase, habría sido mi fin. Ahora sería el hazmerreír del colegio. No, no puedo hacerlo… ¡Me gusta tanto! Yo que creía que eso del amor era una tontería de los mayores, voy y me enamoro como un bobo. Es tan guapa… y ¡tan simpática! Siempre que está cerca de mí me tiemblan las piernas y me pongo súper tonto. Como el otro día, cuando tiré su estuche al suelo. Debe pensar que soy un imbécil… nunca se va a fijar en mí si sigo así. Mañana se lo digo… si me atrevo.

       

    Vale, ahora tengo que ir hasta Lista y hacer trasbordo hasta Avenida América. ¿Quién me mandaría quedar tan lejos? ¡Alcalá de Henares! Estoy de los nervios. A saber cómo es en persona… a saber qué le parezco yo. Nos hemos mandado un millón de fotos pero, ya se sabe, entre la realidad y las fotos… hay un abismo. Al menos no tendré que decidir dónde ir. Eso me pone de los nervios, nunca estoy convencida de mi elección. A ver si ella es más decidida que yo. ¡Goya! Es la siguiente. Solo espero que todo salga bien… solo eso.

      

    To the left, to the leftHay que ver lo que me gusta esta canción… no hay nada mejor que ir en el metro con mi mp3. Es como tener mi propio mundo, es relajante. Me viene bien un poco de relax porque como siga con este nivel de estrés, voy a volverme loca. Bueno, al menos ya me he probado el vestido y me está perfecto. Solo tengo que mantenerme en este peso hasta la boda… un pequeño reto. A veces me agobio un poco con todo este asunto. No sé, se supone que casarte es un acto de amor pero, con tanto preparativo, parece un trabajo extra. Quizás sería mejor hacer algo más sencillo, más íntimo pero, claro, no voy a cambiar de idea ahora. Ya no, desde luego. Además, en unos meses habrá pasado todo… ¡y estaré felizmente casada!

     

    Cincuenta años casados y, de repente, se enfada porque no le regalo nada en San Valentín… ¡vivir para ver! Que no tengo detalles, que soy un desconsiderado… ¿por no regalarle nada hoy? ¿Hace falta un regalo para que sepa que la quiero? ¡Si llevo cincuenta y cuatro años haciéndolo! Mírala, con el ceño fruncido y la mirada perdida entre los rostros desconocidos de nuestros compañeros de viaje… sigue siendo guapa, tan bonita como el primer día. Aún me acuerdo, es curioso, no soy capaz de olvidarlo… y eso que, a mi edad, todo es fácil de olvidar. Cuando la vi por primera vez, supe que era ella: que era para mí… y no paré hasta conseguirla. ¡Qué difícil fue al principio! Ella era terca como una mula y, decía, no iba dejarse engatusar por el primero que pasase… pero al final cedió… y me hizo el hombre más feliz del mundo. Llamaré a Maria cuando lleguemos a casa. Tal vez a él se le ocurra algún buen regalo para su madre.

     

    No me lo puedo creer aún. ¿Qué ha pasado? No lo entiendo, de verdad, no lo comprendo. Todo era tan maravilloso y, de repente, esto. ¡Se va a casar! ¿Cómo que se va a casar? ¿Cuándo pensaba decírmelo? Si no llego a leer ese mensaje… no sé, tal vez seguiría metida en este embrollo. Estoy hecha un lío. Yo que pensaba que me quería, que acabaríamos juntos… otra vez equivocada, otra vez hundida… ¡y encima este ridículo ramo de rosas! No sé porqué no lo he tirado aún. Es lo único que me queda de él, quizás sea eso. No voy a llorar. No voy a darle esa satisfacción. No lo merece, nadie lo merece. Solo espero que su prometida se entere de todo esto antes de que sea demasiado tarde. Pobrecilla, atarse para toda la vida a un tipejo así… ¡es tan injusto!

     

     Son las seis y cinco de la tarde. Los viajeros, con más o menos prisa, abandonan el vagón de metro. Algunos van solos, algunos van en pareja o en grupo. Los hay sonrientes, tristes, serios, preocupados, distraídos… Hay quién va cargado con mochilas, maletines, bolsos o ramos de rosas… y hay quién lleva las manos en los bolsillos y el abrigo puesto.  Puede que, en estos instantes, solo tengan una cosa en común. Estan en Ventas, fin de trayecto.

       

    //Ala, como no tengo la historia de la semana, pongo el relato del concurso y me quedo tan ancha... :P

    February 19

    Brotaba pintura de entre sus dedos

     
    Brotaba pintura de entre sus dedos aún. Estaba tirada en el suelo de la habitación, completamente desnuda. La cama revuelta, la ropa tirada desordenadamente por el suelo y, en una esquina del cuarto, un caballete con un lienzo a medio terminar. Un paisaje, nada excepcional. El rastro de sangre indicaba que se había deslizado desde la cama hasta el suelo en un último esfuerzo. Había cogido uno de los óleos de la caja de pinturas y, con torpeza, había escrito el nombre de su asesino en el parqué.
     
    Gracias a aquello, pudimos dar con él en seguida. Ni siquiera se había molestado en huir de la ciudad. Le encontramos en su casa, una hora después de que hallaramos el cadáver de su víctima. Estaba viendo la televisión, parecía un tipo muy tranquilo. El salón, perfectamente ordenado, transmitía una curiosa esencia femenina dificilmente identificable. En realidad, toda la casa contaba con aquel toque. Sin embargo, como pudimos comprobar en los registros, el sospechoso vivía solo.
     
    No opuso resistencia, al contrario. Durante todo el proceso, tuve la extraña sensación de que, de un modo u otro, nos agradecía que hubiéramos dado con él... como si se temiese a sí mismo.
     
    El patrón del asesinato coincidía con el de otros nueve homicidios perpretados en la ciudad. Indicios de actividad sexual, estrangulamiento y, lo más macabro del asunto, los dedos de los pies mutilados. Con aquellos datos y la orden de registro que nos facilitó el juez, organizamos una búsqueda exahustiva en el domicilio del sospechoso. No hizo falta buscar mucho. Sobre una de las estanterías encontramos un curioso albúm de foto. En él, recubiertos de una sustancia similar al barniz, se encontraban los miembros amputados... todos con las uñas pintadas de color rojo.
     
    El acuso fue declarado culpable de diez homicidios en primer grado. Fue un juicio rápido que coincidió con la recién estrenada pena de muerte. No sorprendió a nadie que le sentenciaran a la pena capital.
     
    Ayer, a las doce en punto de la noche, fue ejecutado. Ni siquiera fui a ver la ejecución. No fue uno de mis casos más relevantes aunque, quizás, sí el más misterioso. Al fin y al cabo, nadie llegó a saber nunca el motivo que le impulsó a cometer aquellos asesinatos.
     
    Al llegar a mi despacho esta mañana, encontré un sobre cerrado acompañado de una carta del alcaide de la prisión dónde se encontraba el preso. Según dice, el condenado redactó un escrito antes de morir que, como última voluntad, pidió que me fuese entregado personalmente.
     
     
    <<Sé que no leerás estas líneas jamás pero, en estos últimos momentos, necesito creer que es posible. Es absurdo pero, llegado el final, lo único que me queda es mi esperanzas. A veces pienso que, como a todas las que no fueron tú, me hubiese gustado perder la vida de un soplo. Las cosas duelen menos cuando no las esperas. No quiero que me recuerdes como un asesino, así no. Nunca maté a nadie real... solo acabé con todo lo que me hacía creer que habías vuelto, con aquellas mentiras de uñas incoloras. Perdí la vida intentando encontrarte y, de todo lo que hice, solo lamento el no haberlo conseguido. Tus uñas rojas se marcharon junto a tu maleta y mis ganas de ser feliz.
    Recuérdame como fuí. Recuerda nuestros amaneceres y las risas que anochecían de nuestra mano. Recuerda el lunar de tu dedo meñique, el lóbulo partido de mi oreja derecha, nuestros secretos. Recuerda, cuando ya no esté, que fuiste todo lo que supe amar. Yo no lo olvidaré.>>
     
     
    February 15

    Quiero Sentir Algo y No sé Por Donde EmpeZar...

     
    Y, de repente, tienes miedo. Desconoces el motivo y eso, le hace más fuerte. Te puede, te vence, te supera. Tienes tanto miedo que, tu respuesta impulsiva es huir pero... ¿de qué? Y, como no puedes responder, huyes de ti misma. Intentas borrar tu pasado, eliminar las huellas que te trajeron hasta aquí, terminar todo aquello que te hizo... y, cuando apenas has empezado, comprendes que tú no eres solo tu pasado. Que eres tu presente y tu futuro. Que eres en ese mismo instante y en el que sigue y en el que sigue al siguiente. Y te das cuenta de que no puedes eliminar lo que aún no ha sido creado. Y tienes más miedo aún, tanto, que no te queda más remedio que hacerte fuerte y enfrentarte a él sin arma alguna. Dejar de huir, darte la vuelta, mirarle a los ojos. Solo entonces verás que, en su mirada, solo se reflejan tus inseguridades. Todo lo que no sabes afrontar. Ahora, por fin, lo has aceptado. Tienes miedo porque no era tan fácil como pensaste, porque no es tan sencillo como debería. Tienes miedo porque, por primera vez en tu vida, alguien te importa más que tú mismo. Y te cuesta comprenderlo porque es un sentimiento nuevo para ti. Porque pensabas que podrías controlarlo y te das cuenta de que te controla a ti. Que cada vez lloras más por menos. Y todo se vuelve un mundo si se escapa de sus labios. Y nada es sencillo porque ya no estás sola. Ya no te atañe solo a ti. Ya no puedes huir porque, ahora, alguien sostiene tu mano. Y no quieres que eso cambie... es solo que tienes miedo. Tienes miedo porque es la primera vez y, como todas las primeras veces, asusta un poco.
    February 14

    El aMor es Lo que Tiene

     
    Ayer escribí un texto sobre el amor que pensaba publicar hoy. Pero no me apetece. No porque sea el día que es o porque deje de serlo. Simplemente, estoy cansada de hablar de amor. Estoy cansada de tratar de comprender algo que se me escapa, que no conoce razonamiento posible. Hoy me encuentro en un estado de decaimiento... entre meláncolia, nostalgia, incertidumbre y sueño. Hoy soy de todo menos yo. Y puede que sea más yo que nunca.
     
    Pasamos la vida pensando que el amor lo soluciona todo. Que encontrando a la persona adecuada, veremos todos nuestros problemas reducidos a la insignificancia, que siempre tendremos un motivo para sonreír, ese algo que hace que merezca la pena todo lo malo, que mejor lo bueno y nos hace olvidar las preocupaciones. Pasamos la vida buscando una solución mágica a todo lo que no podemos afrontar precisamente por eso, porque no podemos afrontarlo.
     
    No existen varitas mágicas que resuelvan los problemas de un golpe. Existimos nosotros mismos y nuestra capacidad de superación personal, la fuerza que, como seres independientes, debemos desarrollar para crecer. Pensar que el amor solucionará todo solo termina con el amor. Acaba con él porque, cuando comprendemos que no era la solución sencilla y efectiva que buscábamos, todas nuestras intenciones se ven truncadas... y esa impotencia se refleja en el amor que sentimos... lo eclipsa, lo anula, lo aniquila. Y acabamos con el amor por haberlo convertido en algo que no era. El amor no es nada más que amor. Y es de todo, menos sencillo.
     
    Nunca podremos encontrar a alguien hasta que no nos hayamos encontrado a nosotros mismos. Hasta que no aceptemos que la otra persona no tiene que saber que hoy estoy triste, que esperaba escuchar un tequiero, que quisiera encontrar una nota entre las hojas de mi libro preferido, que necesitaba un abrazo en ese instante preciso... Ese es el error. Creer que una pareja es una mitad de nuestra propia mente. Eso es lo que termina matando los sentimientos. La contínua frustración de encontrarse con mil gestos que caen en saco roto. Esperar siempre del otro lo que nosotros mismos hacemos. Pensar que tienes una relación contigo mismo, en lugar de con otro ser independiente y completamente ajeno a ti.
     
    Y me siento sola. Y escribo sin parar hasta que todas las frases pierden el sentido. Y pretendo que tú lo encuentres. Pero tú no lo ves. No lo ves porque ni yo misma lo veo. Y me duele que no escuches todo lo que no te digo. Porque, en mi mundo ideal, los enamorados se comunican sin palabras. Entonces comprendo que no somos ideales. Que entre mis dedos solo queda realidad. Y me ahoga pensarlo. Porque en la realidad, las cosas terminan igual que empiezan. Porque en la realidad no puedo controlar nada. Porque son cientos de detalles insignificantes que se van acumulando en mi alma... y siento que no... pero sí... y termino con un no lo sé ni quiero pensarlo.
     
     
    February 12

    Un paseo para recordar

    ¿Estuviste en dos sitios a la vez? ¿Inventaste una palabra? ¿Te enamoraste? ¿Plantaste un árbol? ¿Hiciste un cubo de rubik? ¿Terminaste un crucigrama? ¿Saltaste sobre un charco? ¿Te hiciste una foto con un famoso? ¿Viste amanecer? ¿Te aprendiste un poema de memoria? ¿Escribiste un libro? ¿Llamaste de noche a un telefonillo para salir corriendo? ¿Hiciste un picnic con mantel de cuadros y cesta de mimbre? ¿Recorriste el mundo entero? ¿Aprendiste otro idioma? ¿Resolviste un acertijo? ¿Cocinaste una paella? ¿Entablaste conversación con un desconocido en el metro? ¿Cantaste en un karaoke? ¿Averiguaste quién era el asesino antes de que terminara la película? ¿Montaste en helicóptero? ¿Lloraste de felicidad? ¿Tocaste un pingüino? ¿Fabricaste un muñeco de nieve? ¿Patinaste sobre hielo? ¿Leiste todos los libros de la biblioteca? ¿Soñaste con los ojos abiertos? ¿Fuiste premiado por algo? ¿Tuviste una mascota? ¿Fuiste al circo? ¿Saliste en la televisión? ¿Trabajaste como voluntario? ¿Escuchaste el silencio? ¿Bailaste un tango? ¿Caminaste bajo la lluvia? ¿Tocaste un piano? ¿Paseaste por la orilla de la playa? ¿Desayunaste tortitas con nata? ¿Nadaste de noche? ¿Subiste a lo alto de un rascacielos?
     
    Siempre queda algo por hacer.
     

    A las ocho menos cinCo

    A las ocho menos cinco se apagaron las luces pero, ni toda aquella oscuridad, consiguió hacerle dormir. Tenía que encontrar una solución a todo aquello pero, lo único que conseguía su mente, era recordar las uñas rojas de sus pequeños pies descalzos.
     
    Tirado sobre aquel incómodo colchón, luchaba por adaptar sus ojos a la oscuridad. Las paredes blancas definían el límite del espacio disponible, recordándole que estaba atrapado allí y que, probablemente, no encontraría la salida a tiempo. No le asustaba lo que le sucedería entonces, solo temía el hecho de no volver a verla jamás. Pensar que ella le recordaría como quién le contaron que fué y no como quién, un día, creyó que era. Como le amaba aquellas tardes de otoño, entre galletas de anís y cosquillas en el costado. Como todas las noches que se durmió tocando sus cabellos castaños, con su cabeza sobre el regazo y el cuerpo dolorido al despertar.
     
    Recordó entonces que le habían pasado una hoja, un papel donde debía apuntar su última petición, la última cena. No quiso hacerlo entonces y seguía sin quererlo ahora. Llevaba semanas sin probar bocado y no iba a empezar a hacerlo al final, cuando no quedaban más salidas. Cogió la hoja y, en su reverso, comenzó a escribir. Tanteaba el papel para no salirse de sus límites. Escribir a oscuras nunca fue sencillo. Recuérdame como fuí. Recuerda nuestros amaneceres y las risas que anochecían de nuestra mano. Recuerda el lunar de tu dedo meñique, el lóbulo partido de mi oreja derecha, nuestros secretos. Recuerda, cuando ya no esté, que fuiste todo lo que supe amar. Yo no lo olvidaré.
     
    Cuando terminó, dobló cuidadosamente la hoja por la mitad y la dejó sobre el colchón. Esa sería su última petición: que se la hiciesen llegar, que ella supiese su verdad póstuma. Luego, se volvió a tumbar en la cama. No cerró los ojos aquella noche. Ya no recordaba como hacerlo.
     
    February 07

    Todo Lo que Soy Es Todo Lo que TengO

     
     
    Todo lo que soy es todo lo que tengo. Todo lo que se asienta sobre mis pies. A veces, solo a veces, lo que me rodea se incluye en mí. El resto del tiempo, estoy sola... sola porque, aunque lo intente, nadie podrá nunca estar dentro de mí. Sola en tu compañía. Sola cuando trato de explicar como me siento... y no sé. Hay sentimientos que no se pueden explicar. Hay situaciones que solo entienden de emociones. Hay ocasiones en las que, la lógica, huye disparada y te deja con un montón de reacciones absurdas.
     
    Siempre pensé que me sentía sola porque estaba sola. He necesitado mucho tiempo para comprender que estoy sola porque todos estamos solos. Porque la soledad mantiene la independencia del individuo. Porque yo soy yo y tú eres tú. Aunque ahora seas parte de mi vida, nunca serás parte de mí. No, yo no soy dos. Nosotros somos dos. Tú y yo. Lo que se asienta bajo nuestros pies.
     
    Busco palabras desesperadamente, me agoto. Quiero hacerte entender que no se trata de una situación concreta, si no de un estado global. De un cúmulo de situaciones con consecuencias inevitables. Y sé que no puedo hacer que te importe tanto como a mí... porque yo soy la única afectada. Porque, aunque me quieras, tu no eres yo. Existen límites para la empatía. Siempre queda ese resquicio reservado a las propias vivencias... porque hay sensaciones que necesitan sentirse.
     
    Es solo un segundo. Entonces, comprendes que te has quedado a siete días de tus planes. Y no tienes plan B. Y todo lo que te queda en la cartera son dudas. Y nada sirve de nada porque no sabes a qué atenerte. Lo peor es cuando comprendes que estás sola. Y cojo tu mano pero, en realidad, estoy a un millón de pensamientos de distancia. Pienso, entre otras cosas, en ti y en lo injusto es que yo esté así. Siento que no me entiendes y, en realidad, no tienes que hacerlo cuando ni siquiera yo me entiendo. Y, aunque sostienes mi mano, no estás sobre mis pies. Por mucho que te quiera, por mucho que me duela... tú no eres yo.
     
    Y hoy, solo hoy he comprendido que, en realidad, todo lo que importa no es lo que somos por separado... es lo que somos juntos.
     
     
    February 05

    La búsqueda de la felicidad

     
    Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad
    [De la Declaración de Independencia, 4 Julio de 1776)
     
    Imagina que tienes un sueño. Algo loco, disparatado, absurdo, imposible. Un sueño de esos por los que nadie apostaría jamás... pero tu sueño, a fin de cuentas. Cuando la gente escuche tu idea, esa locura tuya, te dirán que es imposible: que nunca lo conseguirás. Entonces tu, una persona coherente, terminarás por aceptar lo inverosímil de tu idea. Desecharás tu sueño y te propondrás una meta más realista, más cercana. Terminarás por estudiar algo que te asegure un buen trabajo en el futuro, por buscar una estabilidad... una casa, una familia, un sueldo fijo... y, en algún momento, creerás ser feliz. Serás tan feliz como cualquiera de tus vecinos. Serás feliz porque no arriesgastes, porque vendiste tu sueño absurdo a cambio de un futuro tangible. Porque alguien te dijo que no lo conseguirías y tu le creiste. Le creiste porque esa persona, esas personas, te aseguraron que era imposible. Era imposible porque ellos nunca serían capaces de lograrlo.
     
    Imagina que no les escuchas. ¿Quién es el loco? Les ignoras. Persigues tu sueño. Luchas por alcanzarlo, te sacrificas... y, al final, puede que lo consigas. O puede que, efectivamente, fuese imposible. No importa. El final es lo de menos. Lo que cuenta realmente es el camino. La búsqueda de la felicidad, reunir el valor suficiente para perseguir tus sueños... luchar por ser feliz. Intentarlo. Solo entonces, podrás optar a conseguirlo.
     
    Imagina que nadie intentase lograr imposibles. Que nadie hubiese luchado por demostrar que el mundo era, en realidad, redondo. O que se podía viajar al espacio. Que todos los científicos, inventores o pioneros en algo hubiesen aceptado aquello de "es imposible". Que todos los músicos, actores, deportistas o escritores hubiesen cambiado su sueño por algo más tangible, por un empleo en una fábrica, por ejemplo. Que todos los que se enamoraron hubieran desistido al pensar que nunca lo conseguirían, que nunca alcanzarían su amor... Piensa que nadie hubiese luchado nunca por sus sueños, que todos se hubiesen rendido... y, dime, ¿estarías tú aquí ahora?
     
    Somos fruto de la lucha, de los sueños, de las locuras y de los intentos. Somos el futuro de un pasado que creyó en los imposibles.
     
    Buscar la felicidad es un derecho, no un privilegio.