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    27 maart

    El camino que sigo empieza y acaba contigo...

     
     Cuando pasas demasiado tiempo esperando algo necesitas visualizarlo. Imaginas sobre ese sujeto o acción, sobre eso que esperas... tratas de reproducirlo en tu mente para que, de un modo u otro, tu cuerpo localice los recursos necesarios para seguir luchando por ello. Estímulos, eso es. Todos necesitamos un estímulo, una meta o un objetivo. El problema, en mayor o menor medida, llega cuando los deseos inalcanzables que nuestra imaginación proyectaba en sustitución de una posesión practicamente imposible, se materializan.
    Hay un conflicto entre la realidad y la imaginación que se repite constantemente a lo largo de nuestra existencia. Resulta que las cosas nunca son como las hemos pensado. Debe tratarse de la parte tangible de los elementos, esa materia orgánica que borra todo rasgo de perfección de las cosas. Nada que pueda sostenerse entre las manos, puede ser perfecto. Podrá ser su olor, o quizás el tacto, la calidez de sus formas o su aroma... podrá ser su sonido o el modo en que transcurre... pero ya no será como lo soñamos. Ahora es real, ya no es un deseo. Hemos llegado a ese punto del camino en que se terminan las indicaciones y no nos queda más remedio que seguir dando pasos en falso hasta que localicemos un nuevo sendero a seguir.
    Atrapados en nuestra propia libertad de elegir. Es curioso pensar que, cuando gozamos de total libertad de movimiento, lo primero que tratamos de encontrar es una pauta a seguir, una meta que perseguir... un camino que recorrer. Vivimos para cumplir nuestros sueños y, sin embargo, nunca nos sentimos satisfechos al alcanzarlos. ¿Somos felices? Puede que no. Es posible que la felicidad plena, esa felicidad de anuncio, no exista. Puede que la felicidad sean solo las pequeñas cosas que nos hacen sonreír... puede que sumando todos los instantes que, a lo largo de nuestra vida, nos han hecho sentir felices, obtengamos esa felicidad absoluta... pero esto es solo una suposición. Los segundos no nos hacen felices. Podemos decir que un instante es el más feliz de nuestra vida pero, sin lugar a dudas, llegará un momento en que ese instante será relegado al recuerdo... y la felicidad que sentimos entonces distará mucho de la felicidad plena que buscamos. Nuestra dosis de felicidad habrá expirado y volveremos a desearla con todas nuestras fuerzas... y comenzará una nueva búsqueda. Olerá de otra manera, tendrá otro tacto, sabrá diferente... y la sostendremos entre los dedos, jugaremos a poseerla, nos sentiremos dichosos... pero guardaremos esa sensación de que no estamos satisfechos... sabremos, aunque nos neguemos a verlo, que algo no cumple con nuestras expectativas... y entonces juraremos que es el momento más feliz de nuestra vida... aunque ni siquiera sepamos lo que es la felicidad.
    23 maart

    Miradas de ReojO BuscanDo El CErroJo que Abre tu Boca...

     
    [Son ganas de cambiarme por otro que hable después de saber pensar]
     
     
    ¿Por qué perderé el tiempo tratando de entender? Ya no creo que se trate de comprender. Está más bien relacionado con los conceptos. Verás, a mis veintitrés años recién cumplidos, me he dado cuenta de que la opción correcta no existe. No, mejor nos dejamos de verdades y exactitudes y empezamos a hablar de acciones, consecuencias y arrepentimientos. Todo se resume en la suerte que tengas al equivocarte... porque cualquier error no es más que un acierto a medias. Nos quedamos en intenciones, en sueños, en lo que tratamos de hacer y no logramos...
    Me sentí más sola que nunca cuando miré el reloj y supe que, a la hora que todo comenzaba aquí, allí ni siquiera se intuía... y aunque fuese, no estaba siendo... como si nunca hubiera existido. Sola. En la inmesidad de sus rascacielos. Con todo y con nada. Y nadie se acordó de que aquel día era mi día... , aún así, no les culpo... yo tampoco me acordé. Me cuesta aceptar que me olvidé de mi misma el día que más egoísta fuí. Esa persona que estaba allí no sabía nada de la persona que había estado segundos antes. Como si sustituyese mis miedos con sus atrevimientos. Una mentira más.
    Me perdí...  y por más que lo pienso... volvería a caer. Volvería a ser ese error que se acurruca en las arrugas de tu mirada. Volvería a esconderme, a mentirte, a equivocarme... a tratar de acertar. Volvería a saber de ti, a preguntar, a encontrarme... y, sin duda, terminaría por olvidarlo todo. Nunca he sabido entenderme. Nací sin instrucciones y, a veces, pienso que nunca lo he intentado.
     
    Confusa, puede. Olvidada, quizás. Estoy, sin duda. Si soy... no lo sé.
     
     
    17 maart

    ManhaTTaN


    Según se va acercando el taxi a Manhattan, lo sabes. Estás ante una de esas ciudades que marcan un antes y un después.
    En Manhattan todo es mágico. Las calles tienen ese punto de inverosímil y real que hacen que te sientas en un decorado de cine sabiendo que no hay mayor decorado que la propia ciudad. Esos edificios que has visto mil veces, esas calles de la gran pantalla... son y están frente a ti, dejándote recorrerlas a tu ritmo.
    Del Greenwich village a Wall Street, del Soho a Central Park, del East Village a China town... no encontrarás mayor similitud que su encanto, que sus gentes, que su arquitectura, sus prisas, su metro y sus rascacielos. Contrastes. A cada paso que das, una nueva imagen. Perry St. comparte ciudad con Courtland St... de la tranquilidad al caos absoluto y, sin embargo, cohabitan. Se entremezclan las culturas, las lenguas, los estilos, las razas, los motivos... y todo fluye.
    Los neoyorkinos son únicos. Con  sus prisas y su café para llevar. Cantando por la calle, vistiendo a su manera, leyendo en el metro, pidiendo la comida para llevar... Los neoyorkinos pertenecen a Nueva York de la misma manera que Nueva York les pertenece a ellos. Simbiosis. Una ciudad que va cambiando por segundos, necesita unos habitantes capaces de adaptarse a su ritmo frenético. Nueva York lo hace posible. Te hace creer en las posibilidades, en los sueños, en la suerte. Te absorbe.
    Se puede sobrevolar en helicóptero, recorrer en metro, visualizar desde el ferry, visitar en autobús, llegar en taxi... se puede, simplemente, caminar... y siempre será maravillosa, soberbia, majestuosa, inmensa, genuina, impresionante... siempre te dejará con ganas de volver, con ganas de llevártela en el bolsillo, de robarle un trocito de ese alma suya, de esa vitalidad y esa energía que te aporta...

     

    Pd. Que el día de tu cumpleaños te despierten con una muffin repleta de velas, te lleven a sobrevolar Manhattan en helicóptero y a Tiffanys... solo puede pasar allí.
    03 maart

    Just Me

     
    Esta soy yo. No hay mucho más que lo que ves. No pretendo fingir que soy lo que tu esperabas de mí. No, tampoco te prometeré estar siempre a tu lado. Hay pocas cosas que duren eternamente. No seré la más divertida un sábado cada tres semanas. Probablemente, nunca se me ocurra algo gracioso. No seré capaz de conseguir el consejo adecuado, la palabra exacta que te ayude a recuperar la sonrisa. No, seguramente, ni siquiera sepa que haría en tu lugar. Es más que posible que no nos guste la misma música, la misma película o el mismo estilo de ropa. Puede que ya te haya fallado. Sería lógico pensar que ni siquiera encajamos.
    No te pido nada porque no estoy segura de saber encajarlo. No te pido nada porque no quiero decepcionarte. No quiero ser la amiga divertida que solo está en los momentos de fiesta. No quiero ser la amiga caótica que solo acude cuando te ve hundida. No, no quiero ser esa amiga que solo se acuerda de ti cuando no queda nadie más. Me niego a ser la amiga que te echa cosas en cara, la amiga que te vende por menos de nada, la amiga que te olvida y, de repente, te recuerda, la amiga que te va dejando de lado, la amiga que te miente, la amiga que resultó no ser tan amiga... Puede que la amistad esté infravalorada. No, yo no quiero ser tu amiga en un concepto de amistad tan amplio. Quiero que cuentes conmigo. Quiero escucharte. Quiero tratar de comprenderte. Quiero que sepas que estoy... pero también quiero que estés. No quiero un ayer si no va a existir un hoy. No quiero mañanas. No quiero promesas, no quiero excusas, no quiero citas a largo plazo... Quiero saber que la distancia no podrá con nosotras, quiero saber que somos aquí y ahora, que no aprendí a fallarte, que no podría dejarte a un lado... Porque así soy yo. Simplemente lo que ves. Sin medias tintas, sin apariencias, sin disimulos... Puede que a veces te decepcione. Puede que esperara más de ti. Puede que me haya levantado mil veces, pero sé que volveré a caer. Y si por cada mil errores, me llevo un acierto de la mano, volveré a equivocarme de nuevo... aunque ya no sea contigo.
    02 maart

    You Know I'm Not Good

      La decepción nos acompaña a cada paso. Nos da miedo decepcionar, nos duele que nos decepcionen y, sin embargo, convivimos con el desengaño. Supongo que nadie es perfecto. Todos tenemos cierta tendencia a idealizar. A pensar que alguien es más de lo que realmente es. Queremos creer en las personas y, a menudo, no contamos con la fe suficiente para hacerlo. Queremos pensar que existe algo bueno en cada gesto, en cada palabra... queremos cerrar los ojos con todas nuestras fuerzas para no ver la realidad. Curiosamente, la mayor decepción nace de las mayores pasiones. Del cariño incondicional, de la amistad longeva, del amor platónico. Solo son capaces de decepcionarnos aquellos que nos importan. Solo quienes nos importan son capaces de alcanzar la perfección en nuestra imaginación.
    También decepcionamos. Siempre hay alguien que espera de nosotros una reacción, una palabra, un gesto... y, cuando esas intenciones abandonadas se quedan a medio comenzar, caemos en picado de la idealización al fracaso. Hemos fallado a su utopía. No éramos tan buenos como pensaban y, sin embargo, parecemos ajenos a sus expectativas. No, nadie es realmente consciente de la magnitud de los ideales. Nadie sabe a ciencia cierta qué se espera de él. Puede que no sea nada o puede que sea algo tan inmenso que no logremos ni rozar sus expectativas. Podemos fracasar constantemente en metas que ni siquiera conocemos. Decepcionamos sin pretenderlo, sin darnos cuenta, sin ánimo de ofender.
     Me decepciono a mí misma. Puede, es tan solo una posibilidad, que no me decepcionen las personas... que me decepcionen mis ideas. Puede que no se sienta tan amiga mía como pensaba. Puede que no me valorase tanto. Puede que, simplemente, me equivocase al creer en él. Es mi error, mi decepción, mi fracaso... y, sin embargo, me duele como si aún tuviera el puñal entre sus manos. La decepción, sin duda, es un arma de doble filo.
    Me ha fallado demasiada gente a lo largo del camino. Culpa mía por creer demasiado pronto. Culpa suya por no saber encajar mis expectativas. Culpa de las circustancias, del tiempo, de las ilusiones... y las culpas desaparecen cuando otro nombre se borra de tu agenda.
    Puede ser que la solución sea no esperar nada, pero no soñar es imposible. Me gusta confiar de inmediato. Me gusta creer que estarás a mi lado toda la vida, que eres mi amiga, que se puede creer en ti... me gusta soñar con amistades eternas, con guiños cómplices, con charlas de madrugada... me gusta pensar que tengo un buen consejo para todos tus problemas, que me llamarás cuando vengas a la ciudad, que no me olvidarás cuando estés lejos... me gusta soñar con buenas intenciones y mentiras que solo saben decir la verdad. Me gusta arriesgarme cada vez que cierro los ojos, cada vez que creo que no vas a fallame... si, definitivamente, prefiero llenarme los bolsillos de desengaños y vivir el riesgo de acertar. Puede que, por cada mil errores, acierte una vez... y ese único acierto, esa verdad absoluta será suficiente para volver a intentarlo... y decepcionaré, me decepcionarán y terminaremos por olvidarlo... porque la vida no es más que un juego de azar.
     
     
     
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