Profiel van SaraPut THe BlaMe On MamE...Foto'sWeblogLijsten Extra Help

Weblog


    26 mei

    ¿Y si Te cuento Una Historia Al RevÉs?

     

      Durante un segundo, solo durante un segundo, piensa que sería maravilloso poder avanzar el tiempo que le queda y encontrarse directamente con el final. Por una vez en su vida, no quiere tener miedo.

      Se tapa los oídos con las manos y aprieta con fuerza. No quiere escucharle. No quiere oír sus amenazas, sus insultos, su rabia…

      No sabe cuanto tiempo aguantará la puerta. Se ha sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la bañera. No puede parar de temblar y su rostro está inundado de lágrimas. Todo el miedo que ha ido acumulando a lo largo de su vida, se encuentra encerrado con ella en el cuarto de baño.

      Él golpea la puerta y grita furioso. Va a derribarla, tiene fuerza suficiente para romper el endeble pestillo que, en estos instantes, la mantiene a salvo.

      Dos segundos. Ese es el tiempo que ha tardado en llegar del dormitorio al cuarto de baño. Durante esos dos segundos, todo su miedo se ha transformado en fuerza. Fuerza para correr, para huir, para buscar un buen lugar donde tratar de mantenerse a salvo.

      No sabe porqué ha sido esta vez. A veces, simplemente, pasa. Ya no se molesta en buscar razones o disculpas. Ya solo trata de encontrar la manera de sobrevivir a los golpes. Y, esta vez, esa manera es el jarrón que sus padres les regalaron en su boda. Un pequeño jarrón azul de cerámica, siempre vacío. Nunca le ha gustado ese jarrón y, sin embargo, está a punto de salvar su vida.

      La convivencia no es fácil, sentencia su madre. Es normal que discutáis, no te preocupes. Ella no dice nada. Pone su mano sobre su mejilla, aún caliente y cuelga el auricular. Recién casados, la vida cotidiana. Aún tiene que acostumbrarse, piensa. Y, sin quererlo, algo en su interior le dice que no será la última… pero no quiere escuchar. Solo ha sido un guantazo, un par de gritos, un plato roto. Es mi marido, no puedo hacer nada. Le quiero, no puedo evitarlo. Y el golpe sigue quemando en su mejilla. Y las lágrimas se van amontonando en su mirada. Pero no dice nada. Aguanta.

     Cásate conmigo. Con dos palabras, todo parece mejor que antes. De repente, todas sus dudas se alejan. Y dice que sí. 

      Sabe que lo que dice no es cierto. La quiere, siempre la ha querido. Nunca antes le había levantado la voz. Nunca habían discutido. Es un buen hombre, no podría encontrar nada mejor. Se disculpa. Saca algo del bolsillo. Sonríe.

      Al final solo son dos. Están en un sitio nuevo, han ido por cambiar un poco de aires. Los sábados empezaban a ser monótonos, siempre en el mismo sitio. Un chico se acerca a ellas. Sujeta a su amiga del brazo y le dice algo al oído. Ella le responde. El chico la mira y no dice nada. Luego se va. ¿Qué te ha dicho? Pregunta, curiosa. Su amigo está loquito por ti. Quiere conocerte. Le he dicho que le traiga. La mira incrédula pero, de repente, ve como el chico se acerca. No seas boba, ¡puede que sea el hombre de tu vida!

     

     

     

     

    21 mei

    Te conoZco demasiado Bien

     

     

    Te conozco demasiado bien y sé, siempre lo he sabido, que no creíste ni una sola de mis palabras.

    Lo sé, soy una embustera. Mentí, acabé con nuestra historia apoyándome en un millón de mentiras. Y no dijiste nada.

    Dejé de amarte, eso es todo. Fue tan simple, tan evidente, tan repentino… y, sin embargo, no me sorprendió. No me lo esperaba, claro que no, pero fue natural. Como si una parte de mí lo aceptase y lo acatase como un nuevo estado sentimental incuestionable. En realidad, esa parte de mí que domina al resto. La que se enamoró de ti. La que te conoce tan sumamente bien que sabe que, mientras lees esta carta, tratas de controlar tus nervios multiplicando el número de tus parpadeos cuantiosamente.

     

    Es difícil de explicar, por eso desistí antes de intentarlo. Supe que no podrías comprenderlo. Yo nunca logré comprender esa manera tuya de quererme, tan egoísta e imposible. No, me resulta imposible aceptar la realidad. Y es que, al final, resultamos no ser tan estúpidos como creíamos. La felicidad, a fin de cuentas, es todo lo que importa. Y tú nunca me hiciste feliz, solo me diste la ilusión de creer que, algún día, lo sería a tu lado.

     

    La vida no es tan difícil como pensamos. La mayoría de las veces, somos nosotros mismos quienes la complicamos en busca de algo tan excitante que sea capaz de robarnos el sueño. No, sin duda, ser feliz no es excitante. La felicidad es rutinaria, como todo lo que se asemeja a la perfección. Puede llegar a agotar, crea individuos sentimentalmente masoquistas, personas que buscan ese punto de sufrimiento que les hace oscilar entre la sonrisa y el llanto. Dependemos del dolor para poder sentir la felicidad. Es lo que nos queda cuando vivimos en una sociedad que ha perdido el resto de sentimientos. Creer que hay algo mejor.

     

    Así que, de un modo absurdo, creo que no fuiste más que mi dosis de dolor diaria. Y, para dejar una adicción, nada mejor que terapia de choque. Desaparecer de tu vida o, quizás, hacerte desaparecer de la mía. Ser tajante por una vez en mi vida.

     

    No dijiste nada porque pensabas que volvería. Me diste tiempo, espacio, indiferencia, silencios… y te sentaste a esperar. Pero no regresé. Te conozco demasiado bien y sé que, en el fondo, piensas que no todo está perdido. Reconociste mis mentiras pero no supiste atrapar mi verdad. Sé que no concibes que algo tan inmenso pueda quedarse en nada de la noche a la mañana. A veces pasa. No creo que sea repentino, la verdad. Pienso que es un proceso que lleva su tiempo, que se ha estado desarrollando bajo la piel, que se ha creado con tanto sigilo que no nos hemos dado cuenta y, cuando finaliza, no tenemos ni un segundo para reflexionar. Está ahí, ha llegado y es definitivo. Sí, ya sabes, esas pequeñas cosas definitivas que acaban con universos enteros. Y lo peor es que es imposible huir de una amenaza invisible.

     

    Me conoces demasiado y sé que te has dado cuenta de que ya no me conoces en absoluto. Sabes que no soy la misma, que he dejado gran parte de mi historia atrás. Una vez, solo una vez, fui definitiva. Y eso lo cambia todo, acaba con todo. No te obliga a empezar desde cero pero te permite dar un giro, cambiar de camino.

     

    No, no somos perfectos. Solo somos humanos.

     

     

    20 mei

    Quizás debA esPerar a Que el InsulTo del ReloJ AcaBe De PlaneAr Mi Fin

     
     
    Aún no tengo título para esta entrada. Ni tema. Ni la más mínima idea de lo que voy a escribir pero todo esta en silencio, estoy sola frente al ordenador y la simple idea de dejar pasar esta oportunidad, me irrita. Obligación, necesidad, placer o vocación. A veces, lo único que cuenta es escribir. Experimentar con las palabras y lo que decimos gracias a ellas.
     
    El tiempo cada vez va más rápido. Si, claro que es absurdo. Un minuto sigue valiendo sesenta segundos y los días aún tienen veinticuatro horas. Pero a mí me parece que tienen la mitad. A veces todo depende de nuestra perspectiva. A fin de cuentas, nosotros somos los únicos observadores de nuestra realidad. Y eso admite tantas interpretaciones como seres humanos habitan este planeta. Por eso, probablemente, me resulta ridículo presumir que existe una única verdad.
     
    Se me pasa el tiempo tan rápidamente que, a veces, no sé si debería preocuparme. No sé, quizás salir corriendo tras él para ver si logro alcanzarlo. Volver al ritmo habitual de las cosas. Claro que, en ese momento, me paro a pensar y comprendo que lo habitual no llega mucho más lejos de yo misma cuatro segundos antes. Y no, no existe manera alguna de convertir el pasado en presente. Las cosas son como son y el tiempo no es negociable. Hay cosas que tienen bastante con ser. No exijamos.
     
    Al menos puedo respirar tranquila al comprobar que los acontecimientos siguen su curso natural. Tras el invierno la primavera, tras el martes el miércoles y el calor llega en verano. Rutinas climatológicas, de calendario y semanales. Todas esas cosas que no valoramos porque siempre son así y parece que nunca van a cambiar. Hasta el día que cambien. Porque siempre hay un día, solo que no somos capaces de comprenderlo hasta que ha pasado de largo. Supongo que, por eso, atribuimos los cambios a procesos largos y complicados. No somos capaces de asumir que todo fue tan simple como un día, un instante... y nosotros tan ignorantes que no nos dimos ni cuenta.
     
    Quiero pensar que, de alguna manera, si cierro los ojos retengo un poco más el tiempo. Y ese segundo que mis párpados atraparon en mis retinas, se queda conmigo un par de minutos más. Quiero creer que, de alguna manera, al abrirlos sigue siendo el segundo que va detrás del mío, de ese segundo que he capturado. Necesito sentir que puedo rescatar una pequeña parte de todo lo que estoy perdiendo. A veces siento que el tiempo que no aprovechamos se queda atascado en el camino que va de als intenciones a los actos. Algún día creará un tapón que nos convertirá en seres apáticos, sentados en algún sillón y olvidados.
     
    Otras veces pienso que quizás necesitemos esos segundos de sedentarismo, de relax, de descanso, de no ser ni nosotros mismos. Todos necesitamos un respiro, por mucho tiempo que supongo perder. No, sin duda, vivir al límite no está hecho para mí.
     
    No hablo de nada, no escribo de nada, no digo nada... no transmito. Tengo sueño. Y, por supuesto, he encontrado titulo para esta entrada.
    11 mei

    How To SaVe a LifE?

     
     
    Ya lo dijo Hobbes, " el hombre es un lobo para el hombre". Voy a aprovechar la caída en picado de los visitantes a mi blog para filosofar un poco. A veces no sentirse observado facilita proceder a los comportamientos naturales, en este caso, a escribir lo que me viene en gana sin plantearme las consecuencias.
     
    Llevo un par de días analizando comportamientos. Nos pisamos. Pasamos unos por encima de los otros y siempre creemos tener la razón. Como si tener la razón fuese decisivo. Como si hubiese razones que poseer. Tachamos a las personas con etiquetas, con calificativos, los englobamos en grupos sociales, los dividimos en razas, género o edad. Y no nos paramos a pensar que, quizás, solo sean personas. Cabe esa posibilidad, que solo seamos individuos con rasgos comunes a otros, con nuestras pequeñas diferencias. Generalizar debería estar prohibido por ley. ¿Por qué no? Hay tantas cosas prohibidas hoy día... seguiremos ampliando la lista, pero al menos con causas justas.
    Es dificil, lo sé. A veces me resulta imposible. Supongo que habría que empezar desde cero. Borrar todos los pensamientos que ha habido hasta el momento y comenzar una sociedad nueva, sin prejuicios, sin clases, sin fronteras. Seguro que esto lo dijo algún filósofo, que ni siquiera es idea mía. O sí. Leí en alguna parte que todo lo que podamos pensar, ya se le ha ocurrido a alguien antes. Parece ser que no somos tan diferentes como creemos.
     
    Nos reimos de los errores ajenos, de sus tropiezos, de sus dificultades. No es que seamos malos, es que no nos paramos a pensar. No nos damos cuenta de que, en realidad, no estamos tan lejos del objeto de nuestra burla. Cualquier día podríamos estar en su lugar. Solo entonces comprenderemos. Mientras tanto, seguiremos riendo. Es más fácil unirse a la mayoría, no resistirse. Porque la diferencia, actualmente, es una lacra. Y eso que, de un modo u otro, todos somos diferentes.
     
    Cada uno de nosotros tiene una serie de conceptos sobre las personas que nos rodean que, aunque pueden ser fruto de una mala influencia, la mayoría de las veces son el resultado de nuestra experiencia. Y la experiencia es personal, intransferible y difícil de obviar. Porque somos lo que vivimos y, si pone una etiqueta, esa etiqueta resulta practicamente imposible de mover.
     
    No voy a cambiar el mundo, ni siquiera voy a pretenderlo. Sería absurdo pensar que algo tan arraigado como los clichés sociales va a desaparecer proque yo lo desee. A veces me veo incapaz de cambiarme a mí misma. Sí, lo confieso, no soy mejor que tú. Yo también tengo mis prejuicios, yo también juzgo y, la mayoría de las veces, me equivoco.
     
    Entonces, ¿qué hacer? Quizás el cambio empiece en nosotros mismos, en las generaciones que están por venir, en vaciar el tarro de los prejuicios granito a granito.  Tal vez, a la larga, pesen más los pequeños avances que los grandes retrocesos. Lo veo posible, ¿por qué no? Siempre pensé que querer a alguien es más fácil que odiarlo. Ser feliz es más sencillo que estar enfadado, que tener miedo o sentirse inseguro.
     
    Puede que no sea tan difícil y, si resulta serlo, no habremos pedido nada por intentarlo.
    10 mei

    If I Lie Here...

     
     Ni siquiera intentó despedirse. A veces pienso que, en realidad, no quería marcharse. Solo desapareció un tiempo y, después, regresó. Y es difícil volver sin haberse ido. Imposible, quizás.
    Paso tanto tiempo que, cuando quiso regresar, no encontró el lugar del que había partido. Y se quedó un poco desorientado, perdido. Buscando alguna evidencia de su presencia allí, alguna señal que recordará su pasado. Pero estaba perdido entre tanta novedad y tanto olvido. Nadie recordaba su nombre, su historia o su marcha. Y entonces comprendió que, más que irse, se había quedado demasiado quieto todo aquel tiempo. Había olvidado que los recuerdos se construyen a base de acciones. Y de él solo quedaban los pasos que dio el día que decidió abandonar.
     
    Le vi deambulando por aquí, con la mirada perdida y un gesto de cansancio en el rostro. Sabía quién era porque, de algún modo, nunca me atreví a olvidarle. Fue, aunque la mayoría del tiempolo niego, una parte importante de mi pasado. Yo sabía quién era pero él no me reconoció. Debe ser duro comprobar que todos menos tú han cambiado. Y no encontrar ningún rostro familiar entre todos los que te rodean, los que te ignoran porque un día te fuiste sin despedirte. Nunca es justo, nunca es fácil.
     
    Me contó que había intentado cambiar. Que ahora caminaba por el lado izquierdo de las aceras, que vestía de azul los lunes y que solía cerrar los ojos al anochecer. Y pensé que tan solo intentaba ser un poco más como todos, un poco menos como él. Pero a mí no podía engañarme porque yo le había conocido y sabía que no era así. Que solía madrugar para pegarle patadas a la misma piedra cada día, que se dejaba vencer por una sonrisa, que pensaba que siempre me rendiría a sus evidencias. Y, por todas esas cosas, esta vez fui yo quién se marchó.
    Se quedó allí solo, dando vueltas, desorientado. En algún momento recordó quién fui y comprendió quién no era ya. Y se sentó cuando la verdad atravesó su estómago, cuando  comprendió que, en realidad, él era el único que no había cambiado.
     
     
     
    /// Si me tumbo aquí... ¿te tumbarás conmigo y, simplemente, olvidaremos el mundo? \\\ 
    01 mei

    WOuLd yOU Lie With Me and Just ForGet The World?

     
    Si te pidiese alguna locura... ¿me seguirías sin pensarlo? Y, no vale pensar, solo responde. Dime si cogerías mi mano hasta el fin del mundo, hasta el fin del mundo que hemos conocido, si te adentrarías en un paraje desconocido, sin mapas, sin guías, sin brújulas ni destino. Dime, ¿te perderías conmigo? Porque, estando contigo, no necesito encontrarme. Cuando estás a mi lado sé cual es mi lugar, se ubica entre tu ombligo y tu cuello, respira contigo, se hunde con cada latido... y bombea emociones, caricias, sonrisas, sueños... Y, si te pierdes conmigo, te aviso, puede que jamás nos encuentren... entonces... dime, ¿te arriegas? Si ganamos, lo haremos juntos. Es imposible perder teniendo tu mano aquí, sobre mi pecho, meciéndose al ritmo de mis latidos. Podríamos ser dos fugitivos, nuestra peor foto estaría plasmada en esos carteles color sepia que cuelgan de las paredes... y, si alguno se cae, llegará a los pies del sheriff que nos busca sin éxito. O podríamos ser, simplemente, dos que estaban pero dejaron de ser. Y nadie se preguntaría sí pensamos volver porque el sitio al que hemos de regresar aún no ha sido inventado.
    Necesito saber si puedo contar contigo en mi plan de huida, en mi fuga... en esos cuatro pasos que daré fuera del camino. ¿Me abrazarás si tiemblo? ¿Serás mi compañero de viaje, mi aliado? Y no vale echarse atrás, hay que ser valiente, hay que dejarse el alma en cada paso que avancemos. Solo dime, ¿te quedarás conmigo? Porque hace tiempo ya, mucho tiempo, que yo me quedé contigo.
     
     
     
    *