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12 mei Me mudo...Mi nueva ubicación:
En unos días, reestringiré el acceso a este blog... espero veros a todos en el nuevo! ;) 08 mei No me sale bien la cuenta de la vidaNo hay nada peor que la desidia, la falta de ganas y la decepción. No hay nada peor que dejar de creer en alguien, que no tener fuerzas para intentarlo, que cansarse de tropezar con los mismos errores. No, no hay nada peor que tener que enfrentarte con todos tus miedos de golpe y ni siquiera tener la certeza de que saldrás ileso.
Vivo en una decepción constante. No sé si es últimamente o si, en realidad, siempre he estado decepcionada pero acabo de percatarme. Quizás la culpa sea mía por pedir demasiado. Respeto, sinceridad, confianza... Esos pilares básicos de las relaciones humanas que cada dos por tres se derrumban. Será su complejidad lo que hace que mantener una relación sea más difícil que impedir que la torre de Pisa se derrumbe.
Las soluciones son pocas. A veces es necesario aprender a obviar. Fingir indiferencia, hacer como que no te has dado cuenta... perdonar. Y, aunque parezca absurdo, la mayoría de las veces resulta más fácil decepcionarse a uno mismo por no aceptar una decepción ajena.
Pd. Siempre es un halago que alguien te pida que no cierres... pero no pensaba en clausuras... más bien traslados ;)
04 mei De 2005 a 2008... 3 años de pequeños pensamientosY no es cuestión de aniversarios, de fechas especiales o señaladas... es más bien algo relacionado con la falta de actividades por realizar... y entonce me siento a releerme y descubro que tengo momentos de lucidez que ni siquiera recordaba... y pienso, ¿por qué no? y aquí tienes el resultado. En bandeja.
03 mei A twist in my storyNo se trata tanto de estar sola como de sentirse sola. Verás, a veces ocurre que la situación en la que te encuentras y en la que estás no son la misma. Puede sonar raro pero, de alguna manera, no somos como estamos. Son dos conceptos completamente diferentes.
Un par de veces al año, la humanidad hace las maletas y se va de vacaciones. Sencillo o no, esto ocurre. El problema es que no puedes tomarte vacaciones de todo. Puedes dejar cinco días el trabajo, los estudios, la familia... puedes dejar incluso tu ciudad, tus rutinas, tu piel pálida, tu ropa de abrigo... puedes desprenderte de todo pero no puedes desprenderte de ti mismo. Y eso, es todo. Esa es la pequeña diferencia entre estar siendo otra persona y serlo realmente. Ese ridículo detalle convierte nuestros esfuerzos en un vulgar juego. Ya ves, es imposible tomarse vacaciones de uno mismo.
Me partí en mil pedazos y los escondí tan sumamente bien que, la mayoría de las veces, ni siquiera recuerdo donde los puse. Decidí dejar de ser porque, la única vez que lo hicé, me robaron las ganas. Siempre resulta más sencillo estar. Para estar no hay que hacer nada, ¿sabes? Para estar basta con hacerlo. Y nadie te puede robar eso porque es algo que solo te puede pertenecer a ti. En otras manos, sería polvo. Sin embargo, cuando eres... corres riesgos. La vida es una apuesta contínua. Nos apostamos cada paso que damos. Cada decisión, lleva un acierto y un error de la mano. Con los aciertos construímos las alegrías y con los errores, las enseñanzas. Los malos ratos vienen cuando no sabemos entender que no deja de ser un juego... cuando pensamos que hay una decisión correcta. La verdad es que no hay decisiones correctas... solo decisiones tomadas.
Decidí una vez que caminaría por la orilla de la playa. Y el mar bañaría mis pies... y las conchas se clavarían en mis talones. Perdería mis huellas para nunca encontrar mi pasado. Y el camino que aún me queda por recorrer está en blanco. Yo dibujo sobre mi propio lienzo... aunque a veces, sienta que aún quedan siluetas marcadas. Ya ves, resulta que no queda nada por inventar. A veces, siento que no me queda nada por decir. Pero para callar para siempre no es una opción... es una condena que no estoy dispuesta a asumir.
Permanezco. No lo entiendo bien, pero aquí me tienes. He pensado mil veces en marcharme pero me pesan los malditos recuerdos. Empezar de cero en algún lugar con más opciones. Me gusta blogger (sí, hablo de mi space). Me gusta su aspecto, me gustan sus facilidades, me gustan sus medios... Me gustaría estar aquí y allí. Sin prescindir de mis recuerdos, construyendo unos nuevos... Tal vez lo haga. Puede ser un pequeño paso que me prepare para otro aún mayor.
Escuchando "Secondhand Serenade - A twist in my story" 02 mei Rutina Te despiertas. No ha sonado el despertador, así que deduces que no es lunes todavía. No tienes que ir a trabajar o a clase. Puede que sea sábado o domingo. Son el mismo comienzo, pero con diferente final. Tus días, últimamente, se asemejan demasiado. Tus planes son sencillos: sobrevivir al día con la mayor dignidad posible. Aprovechar el tiempo para que, cuando llegue el lunes, no sientas que has desperdiciado un fin de semana más... aunque sabes que, hagas lo que hagas, será demasiado corto o poco intenso. Últimamente, nada te llena. Planeas sobre tu vida sin rozarla. Eliges entre un puñado de opciones, escoges qué paso dar entre los caminos posibles... pero, en tu limitada capacidad de escoger, no decides nada realmente. Lo sobrellevas. Has aprendido a aceptarlo.
Te gustaría que hoy fuese diferente. A veces oyes hablar de gente que lo ha conseguido. Cambiar, quiero decir. Pero cambiar no es fácil. Tienes cadenas de mayor o menor relevancia que te mantienen anclado a tu realidad. A esa rutina que te quema pero que, al mismo tiempo, te engancha. Tienes un trabajo, unos estudios, una familia o una relación sentimental. Puede que no tengas nada y solo sea miedo. Puede que tengas todo y miedo al mismo tiempo. El caso es que te falta iniciativa. Te faltan medios, aunque no ganas. Sueñas a menudo con tu libertad. Con viajes, con tardes dibujando bajo el sol, con las canciones que escribirías, con las portadas de tus libros... sueñas con esa vida inalcanzable que siempre has deseado, con todas esas experiencias que no te has atrevido a vivir... sueñas, en definitiva, con la persona que te gustaría ser. Y eso te deja confuso porque, de repente, no sabes quién eres. Te despiertas todos los lunes a las siete de la mañana para cumplir con un horario establecido por alguna empresa que ni siquiera sabía tu nombre cuando lo hizo. Vas a un trabajo que te ha elegido a ti. Regresas a un ocio impuesto, al plato sobre la mesa, los veinte minutos de siesta, los libros del escritorio... Y ves pasar los días cansados, iguales, tranquilos, clónicos. Aprendes a valorar los diez minutos menos de atasco del martes o la taza de café que derramaste sobre la moqueta el jueves. Te gusta la pasta de los miércoles, pero detestas el arroz con verduras del viernes. Sin darte cuenta, buscas diferencias que te ayuden a distinguir tus rutinas.
Y llega el fin de semana. Hay posibilidades. Hay ganas, hay tiempo, hay inciativas... Parece que, por un momento, no existen los horarios. Y te levantas tarde, desayunas, enciendes el ordenador, comes... y, cuando te quieres dar cuenta, el sábado ya tiene horario. Los mismos planes que el anterior. Todo se repite. Estás atrapado en un bucle sin salida... y no te atreves a huir. Eres un prisionero de tu rutina. Eres un esclavo, una víctima y, sin embargo, no dejas de ser tu vergudo. |
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