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    July 17

    QuinTA ParTe

    -         - La cárcel no es un sitio muy agradable, ¿verdad, Samuel?

    - Déjeme en paz. Estoy a punto de cumplir mi condena. Han sido unos meses solo, al juez le pareció que sería un buen “escarmiento”…

    -         - Ya, supongo… Bien, iremos al grano. Me llamo Roberto Cañas y ella es mi compañera, Laura Gómez. Estamos investigando el caso del asesino en serie que está acabando con tus compañeros de foro, ¿has oído algo?

    -         - Claro que sí. Aquí se escuchan muchas cosas. Sé que ha matado ya a varias personas. Sé que aún no le habéis cogido y sé que va a seguir matando si no lo hacéis.

    -         - Bien, veo que se te da bien el sarcasmo. Ahora, haz el favor de limitarte a contestar mis preguntas.

    -         - ¿Sabes algo del modus operanding del asesino? – interrumpió Laura.

    -         - No gran cosa, que los deja en descampados, a la vista de cualquiera.

    -         - No solo eso. Los marca con una C. ¿Te recuerda eso a algo?

    -         - ¿Por eso estáis aquí? ¿Por qué un tarado está utilizando mi historia para matar gente?

    -         - Sí, Samuel. Para eso estamos aquí. Queremos saber porqué ha escogido tu historia.

    -         - Puede que esto les ayude. Me llegó hace un mes o quizás más. Me extrañó mucho recibirla aquí porque yo puse la dirección de mi casa, pero tampoco le di mayor importancia. Ahora empiezo a pensar que la tiene.  

    Era una carta. Sin remitente, sin matasellos y escrita a ordenador. No tenía fecha, ni firma. Solo ponía “Eres el ganador del concurso. Enhorabuena”. Eso era todo.

      Se despidieron de Samuel, que parecía no tener mucho más que ofrecer y volvieron a comisaría. La carta pasó al laboratorio, dónde investigarían su procedencia y, en caso de que hubiese, las huellas.

      Mientras tanto, en el departamento de rastros seguían buscando frenéticamente a las personas que, a estas alturas de la investigación, permanecían sin identidad o, lo que era peor, en paradero desconocido.

      Este era el caso de Trent Reznor. Según una amiga, había hablado con él por teléfono sobre las diez de la noche y no había percibido nada extraño en su tono de voz. Su ordenador no tenía signos de haber sido manipulado, no faltaban archivos y el historial de conversaciones del programa de mensajería instantánea permanecía intacto. Había mantenido su última conversación hacia las once de la noche. Esto situaba la desaparición en plena noche, probablemente mientras dormía. El cristal de la ventana estaba roto, lo cual indicaba que alguien había entrado por ahí. Otra historia era averiguar cómo había podido quitarle la pulsera sin que él pulsara el botón. Probablemente, le habría reducido con algún tipo de sustancia porque no se detectaban signos de violencia o forcejeo en el cuarto.

      Sobre Mundoyas no sabían gran cosa. Acababan de obtener permiso para rastrear su IP y trabajaban frenéticamente para sacar algo en claro del asunto.

      Del resto de participantes, habían conseguido descartar a uno. La misma dirección de correo electrónico había registrado dos usuarios. Ya estaban más cerca.

      De la carta no obtuvieron gran cosa. Había sido cerrada con pegamento de barra y no había ni una sola huella que no perteneciese a Cuervo.

     

    -         - Acabo de hablar con los del laboratorio, Cañas.

    -         - ¿Qué se sabe de la carta?

    -         - Poca cosa. No hay huellas, no hay ADN… Pero han detectado algo importante en la impresión. Se trata de una impresora HP 1100, una de esas que tiene fax y escáner incorporado.

    -         - ¿Qué tiene eso de importante? Es una impresora normal y corriente.

    -         - No es la impresora, es la tinta. Al parecer, tiene un defecto de fabricación. La tonalidad del negro no es la estándar.

    -         - No es gran cosa si no conseguimos la impresora para comprobarlo, ¿no?

    -         - No, pero podemos revisar los textos. Puede que alguno haya salido de esa impresora. No tenemos muchos originales, la mayoría los hemos impreso nosotros mismos pero tal vez encontremos algo.

    -         - De acuerdo, encárgaselo a alguien del laboratorio. Nosotros nos vamos a rastros. Tienen algo.

     

    Pérez estaba contento aquella mañana. No por lo que acaban de descubrir, por supuesto, si no porque, por primera vez en mucho tiempo, tenía la sensación de estar siguiendo el camino correcto. Aquel asesino era demasiado perfecto. No dejaba huellas ni rastros de ADN, había sabido escoger muy bien a sus víctimas y de donde sacarlas, era tan cuidadoso que había llegado a pensar que jamás conseguirían atraparlo… pero ahora, tenía algo. Y, quizás, aquella pista fuese el principio del fin.  

    -         Hemos estado toda la semana buscando al otro sospechoso: Mundoyas. Al principio, decidimos rastrear la IP desde la que se conectaba a la página, pero resultó ser un cibercafé de Barcelona. Eso centraba la búsqueda, pero no era tan sencillo. No es muy frecuente que en estos lugares se tome nota del nombre y apellidos de los usuarios y, como era de esperar, no tenían ningún tipo de registro que pudiéramos comprobar.

    -         - ¿Seguís sin nada, Pérez? ¿Eso es lo que querías decirme?- Exclamó un impertinente Cañas.

    -         - No, no es eso. Tan solo te estoy explicando el proceso que hemos seguido. Pensé que te interesaría.

    -         - Sigue, Pérez. Yo quiero escucharlo.

    -         - Gracias, Gómez. En fin, sigamos. Según los archivos de la página, el usuario Mundoyas llevaba sin conectarse, aproximadamente, seis meses. Su última conexión fue el día que publicó las bases del concurso. Eso nos hizo sospechar que pudiera haberle sucedido algo. Así que nos lanzamos a la búsqueda de muertes sobre esa fecha en las zonas cercanas al cibercafé y encontramos algo.

    -         - ¿Un asesinato?

    -         - No, que va. Un atropello con fuga, el mismo día que se publicaron las bases del concurso. La víctima murió en el acto. Cuando fuimos a interrogar a la familia, uno de los agentes vio un diploma colgado en una pared. Era de un concurso literario. De ahí, pasamos a registrar sus pertenencias y encontramos una tarjeta del cibercafé al que solía acudir. También había más diplomas y una agenda en la que había anotado una cita: “Doce horas. Cibercafé. C”.

    -         - ¿C?¿El asesino? ¿Se había citado con el asesino?

    -         - Exacto. Media hora antes de que publicara su último mensaje en el foro. Murió a la una y cuarto, aproximadamente.

    -         - ¿Y sabemos ya porqué esa cita?

    -         - Estamos investigando los ordenadores del cibercafé, para ver si tienen historiales de conversación guardados, imágenes o cualquier otro tipo de documento que pudiesen haber intercambiado. Estaba claro que se conocían pero, ¿de qué?

    -         - Aunque me joda decirlo, Pérez, bien hecho. Seguid así.  

    Cañas y Gómez pasaron por el laboratorio de camino a sus respectivos despachos, por el momento, seguíamos sin novedades.

    Según lo que tenían hasta el momento, el asesino había contactado con Mundoyas para conseguir acceso al foro sin tener que registrarse… o, quizás, estaba registrado pero no quería levantar sospechas. Cuando consiguió su objetivo, le eliminó para que no pudiese delatarle. No se ensañó con él, como había hecho con los otros. Eso indicaba cierto grado de amistad. O una inteligencia elevada ya que, al ser una muerte tan común, había dificultado enormemente las tareas policiales.