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31 augustus SéPtima (Y PenúlTima) ParteLa lista con los lugares relacionados con el uso de henna negra acababa de llegar por fax a la comisaría. Para sorpresa de Laura, que esperaba que la búsqueda diese resultados nulos, había más de doscientas denuncias a diferentes establecimientos por el uso de esta sustancia. Laura descartó de inmediato los chiringuitos de playa y puestos ambulantes pues, obviamente, iba a resultar imposible localizarlos hasta la época estival. Además, la mayoría de las denuncias carecían de una dirección física a la que acudir. Una vez tachados los primeros nombres, se puso manos a la obra. Tenía que conseguir un par de candidatos para investigarlos a fondo.
Mientras tanto, Pérez y Cañas ordenaban los últimos descubrimientos. Según el registro del foro, el usuario “escritor” había introducido algunos datos personales nada más registrarse pero, a los pocos días, los borró. Afortunadamente, el web master realizaba copias periódicas de seguridad y tenía los datos eliminados a buen recaudo. Según estos datos, “escritor” era de Barcelona y tenía treinta y dos años. Le gustaban los Rolling Stones y su escritor preferido era Truman Capote.
- No es gran cosa, la verdad, pero nos puede ayudar a centrar la búsqueda. - Teniendo en cuenta que la primera víctima era de Barcelona, creo que la búsqueda ya está centrada. Es muy probable que decidiesen citarse por eso: vivían cerca. ¿Qué tal van las investigaciones de los equipos del cybercafé? - Poca cosa. Hemos rescatado un par de conversaciones entre la víctima y el sospechoso pero ni siquiera están completas. Conversaciones sobre libros, música y juegos de rol. Nada de especial interés, aunque seguimos con ello. - Está bien, gracias por todo, Pérez. - Espera, Cañas. Hay algo más. ¿Recuerdas la carta que recibió el otro sospechoso, el de la cárcel? - Sí, claro que la recuerdo. ¿Qué pasa? - Tenía un defecto de impresión, ¿no? Pues bien, a alguien del equipo se le ocurrió revisar las impresoras del cybercafé y hemos hallado una coincidencia. - ¿La imprimió allí? - Eso es.
Cañas salió de inmediato hacia el despacho de Laura. Acababa de verificar el perímetro de búsqueda. No solo vivía en la zona si no que, estaba tan seguro de que no iban a atraparle, que había tenido el descaro de volver al sitio dónde había acabado con la vida de su primera víctima.
- Es de Barcelona. - ¿Cómo lo sabes? Venía a decírtelo ahora mismo. - Mira esto. Es una peluquería, está a menos de dos kilómetros de la vivienda de la primera víctima y tiene cuatro denuncias por reacciones alérgicas derivadas del uso de henna negra. - ¿Cuánto podemos tardar en llegar a Barcelona?
La peluquería tenía un cartel de “Se traspasa” en la puerta. Según una vecina, llevaba cerrada cuatro meses, desde que su dueña se había roto la cadera tras una caída. La propietaria vivía en el piso de arriba y era viuda. Abrió la puerta a Cañas y Laura con desconfianza pero, al ver sus placas, se mostró mucho más amable.
- ¿Es usted Margarita Llanos? - Sí, claro. ¿Qué sucede? - Tenemos que hacerle algunas preguntas, ¿puede acompañarnos a comisaría? - ¿No pueden preguntarme aquí? Me cuesta mucho moverme, ya sabe, la cadera… - Está bien, Cañas, da lo mismo. ¿Le importa que eche un vistazo? - No, claro que no… mire lo que quiera, aunque está todo sin recoger. - No se preocupe, señora. No estamos aquí para juzgar su limpieza. - Bien, señora Llanos, ¿qué nos puede decir sobre las denuncias por uso de henna negra en su establecimiento? - Oh, eso… la verdad es que no me gustaba la idea pero una de las chicas que tenía en plantilla insistió. No me dijo que fuese mala para la salud. Cuando me enteré de las reacciones alérgicas, guardé toda la henna y dejamos de hacer tatuajes. Creí que ya estaba solucionado. - ¿Dónde guardó la henna? - En el almacén, en una caja. La verdad es que pensaba tirarla pero, ya sabe, lo fui dejando y al final me olvidé. - ¿Podría coger una muestra? - Sí, claro. Creo que tengo la llave por aquí… - ¿Quién más tiene acceso a ese almacén? - Solamente yo. Hace un par de años pillé a una de las chicas robando y, desde entonces, guardo todo bajo llave aunque ahora no la encuentro. Estaba aquí, en este cajón.
Laura apareció en el salón con una foto en las manos. La casa de la señora Llanos tenía dos habitaciones, la de matrimonio y otra más juvenil que parecía haber estado ocupada recientemente. - Señora Llanos, ¿éste es su hijo? - Sí, es César. Es guapo, ¿verdad? - Sí, mucho. ¿Qué edad tiene ahora? - Treinta y dos años, ¿por? - ¿Vive aquí? - No, ya no. Ahora vive en Madrid, encontró un trabajo allí, en una fábrica. Vino hace unos de meses a visitarme, cuando lo de la cadera. Hace mucho que no me llama. ¿Le ha pasado algo? - No, no se preocupe. ¿César tenía acceso al almacén de la peluquería? – preguntó Cañas. - No, no sé. Bueno, la llave estaba aquí, en casa. No he vuelto a buscarla desde entonces, puede que la cogiese para algo… - Necesitamos muestras de la henna, ¿tiene alguna copia de la llave? - Creo que sí, pero tendría que buscarla. - Está bien señora, nosotros nos tenemos que ir pero, en un par de hroas, vendrá alguien a por las muestras. Muchas gracias por su ayuda.
El hijo de Margarita Llanos se llamaba César Solís. Había estado trabajando en Plasticmaders S.A, una empresa de plásticos situada a las afueras de Madrid pero su contrato había finalizado hacía siete meses. Actualmente, se encontraba cobrando la prestación de desempleo. Tenía registrado a su nombre un SEAT León, color negro con matrícula de Barcelona cuya matrícula fue proporcionada en todos los controles de carreteras del país y su última dirección correspondía a un piso de alquiler a un par de kilómetros de la fábrica de plásticos.
- En el piso de alquiler no saben nada de él desde hace seis meses. Dicen que se fue sin dar explicaciones. También nos han dicho que era un poco raro, que no se relacionaba con nadie. - ¿Algo nuevo del coche? - Nada, siguen buscándolo. Además, han llamado del laboratorio, las muestras coinciden. Es nuestro hombre. - Solo nos falta encontrarle. ¿Han registrado todas sus pertenencias? - Están en ello. Los de la oficina de desempleo nos han dicho que acude puntualmente a fichar y hemos revisado la cuenta corriente. - Déjame adivinarlo… gasolineras repartidas a lo largo del país. - No, gasolineras no, cajeros. Saca dinero en efectivo. Es listo y sabe que le vamos a rastrear pero no tanto como piensa. Lleva seis meses haciendo un ingreso de trescientos cuarenta y siete euros a un particular, estamos tratando de averiguar por qué. - ¿Un alquiler? - Es posible.
08 augustus SexTa Parte
Pérez tenía novedades. El departamento de informática había trabajado duro con los ordenadores del cibercafé y habían obtenido un par de cosas interesantes. La primera, era que Mundoyas participaba también en un foro sobre rol y, la segunda, que en su lista de contactos del servicio de mensajería instantánea, había un tal “C”, que respondía a la dirección huellanegra@, la misma que se había empleado para el concurso.
Esto era lo mejor de los equipos compartidos, que la gente era demasiado descuidada. No solían eliminar las cookies, ni el historial ya que solo estaban disponibles para el administrador y el propio usuario, siendo restringidas para cualquier otro. El único fallo era que la información estaba repartida entre los nueve equipos con los que contaba el ciber y que recuperar el historial de conversaciones iba a resultar prácticamente imposible ya que, en estos lugares, los archivos y documentos se borran de una sesión a otra y era bastante improbable que, en seis meses, nadie hubiese sobrescrito los archivos borrados.
- Estamos en un callejón sin salida. Tenemos una dirección de correo electrónico, un desaparecido y tantos muertos que he perdido la cuenta. ¿Tú que opinas, Gómez? - Conoce a sus víctimas. Las sigue, sabe cuando entran, cuando están solos, sabe por donde se mueven… Lo tiene todo muy elaborado, desde el primer momento. No comete errores. Lleva pensando en hacer esto mucho tiempo, es como si quisiese completar un plan ya tiene perfectamente estudiado. - ¿Algo así como llevar a la vida real una novela? - Exacto. Es una hipótesis pero… ¿y si esa novela existiese? ¿Y si solo necesitase ver como transcurren los acontecimientos para completarla? Puede que no seamos más que personajes, puede que nos observe también a nosotros. - ¿Cómo un juego de rol? - Eso es. La última víctima participaba en foros de rol, ¿verdad Pérez? - Sí, ya estamos con ello. Hemos hablado con el webmaster y con un par de participantes que intercambiaban muchos mensajes con él. Además, hay un tal “escritor” que le mandaba privados, pero no nos ha contestado. - ¿Escritor? Cañas, puede que tengamos algo. - Estaba pensando lo mismo que tu. Está bien, soy un escritor frustrado al que le gusta el rol. Gracias al foro sobre rol contacto con un usuario de un foro de escritores, que me enseña la página y con el que hago una cierta amistad. Empiezo a maquinar mi plan, cada detalle, cada paso que he de dar… Uso a Mundoyas para poner el cebo en el foro y me deshago de él… el resto es tan simple como recoger la pesca. Los usuarios van cayendo por sí mismos. Solo necesito tiempo, paciencia y unos guantes de goma.
Nada más terminar de hablar con Pérez, Laura y Cañas fueron al despacho del forense, que había descubierto algo nuevo.
- Se trata de la última víctima. Mientras estudiaba el tatuaje, me fijé en una pequeña erupción que había a su alrededor. - ¿Una reacción alérgica? - Exacto. - ¿Le hicieron el tatuaje estando vivo? - Eso parece pero hay algo más. Verás, la henna habitual no suele causar reacción alérgica porque no penetra en el torrente sanguíneo, como mucho, puede originar un poco de picor. Esta erupción es típica de la henna negra, una mezcla de henna con PPD, una sustancia que se encuentra en el betún o en el tinte y que no es apta para el uso con la piel. - ¿Una mezcla casera? - Algo así. En realidad, el uso de este tipo de henna está prohibido pero en algunos sitios aún lo utilizan porque el resultado es más real. No habíamos notado nada antes porque el tatuaje era post mortem pero, en este caso, se debió hacer unas horas antes de la muerte, por eso la reacción es tan pequeña. - Gracias, Casas. Tendremos que rastrear todos los sitios donde utilicen ese tipo de henna. Quizás nos ayude.
El equipo informático, estaba a cargo de la lectura de todos los mensajes del foro de rol escritos por el usuario “escritor”. Este individuo no dejaba clara ningún tipo de información personal pero manifestaba una gran admiración por la literatura, llegando incluso a abrir un tema sobre “el libro perfecto”. En él, pedía recomendaciones sobre lecturas que alcanzasen la perfección. Solo había obtenido una respuesta: Mundoyas. Le sugería que visitase un foro en el que solía participar en el que podría encontrar muchos devotos de la lectura que, probablemente, le recomendarían encantados libros excelentes.
El tema de la henna era un poco más complicado. Nadie que utilizase un material ilegal iba a reconocerlo pero estaban investigando todos los establecimientos dónde vendiesen PPD, henna o cualquier denuncia que se hubiese puesto por alguno de estos temas. El asesino tenía acceso fácil a este producto y no era tan fácil de adquirir como parecía a simple vista.
03 augustus I will CrumblEComo la mayoría de las veces, ni siquiera fue consciente de la realidad. Empezó a pasar mucho antes de que los hechos delatasen sus intenciones, mucho antes de que dejase de pasar... mucho, muchisimo antes de que ella escribiese la primera línea... y al final, cuando no quedaba ni un suspiro que exhalar... supo que todo lo que había hecho, todo lo que nunca hizo, había tenido un único destino. Ese era su final. Y se resignó porque comprendió que el destino es el más mortal de los enemigos, que puede crear imposibles y terminar con cualquier sueño. Se rindió ante la evidencia, cedió a las circustancias... y, soltando el bolígrafo sobre la mesa de cristal, aceptó que quizás nunca fue quién pensaba, que solo había jugado a los disfraces con la suerte de su mano, que ya era hora de enfrentarse a la realidad sin ropa, sin mentiras... y aceptar que no era, que nunca sería lo que siempre había soñado ser.
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