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    30 september

    Me QuedO Con La SensaciÓn de No TeneR Las Cosas ClaRaS

    Caos. Eso es todo lo que existe en mi mente ahora mismo. No tengo sueño, no estoy cansada, triste, preocupada, alegre, ñoña, nostálgica, aburrida, entusiasmada... no. Solo es caos. Es todo lo que siento, un profundo desorden interno. Como si cada célula de mi cuerpo tomara una dirección diferente. Una metáfora absurda, si tenemos en cuenta que los sentimientos no están formados por células.
    ¿De qué están formados los sentimientos? ¿Acaso son sustancias? ¿Son tangibles? ¿O los inventamos para justificar nuestros actos más incomprensibles? Mi caos es un orden por descifrar, se entiende. Quizás si sepa lo que quiero. Es posible que mi deseo real sea vivir en un principio eterno, caminar sobre la red sin decantarme por ninguno de los dos campos. Puede que mi felicidad se base en no ser feliz. Ser feliz siendo infeliz ya no es un reto para mí. Yo soy una paradoja constante.
    No sé qué busco... pero no me atrevo a rechazar lo que me encuentro. En realidad, no busco nada. Voy realizando pequeños hallazgos que resultan ser tesoros durante unas horas, unos días tal vez... y termina por no ser más que una burda copia made in china. Soy igual, es cierto. Puede que sea predecible y que, en realidad, sea como todas. Con las mismas tonterías, la misma forma de tratar de parecer interesante o sexy, la misma sonrisa o la misma forma de besar. Puede que ni siquiera sea original a la hora de elegir lugares o pedir en un restaurante. Seguramente hable de los mismos temas, tenga las mismas preocupaciones y haga los mismos chistes. Sé que soy igual y, sin embargo, distinta. La diferencia es que yo solo soy aquí y ahora. La misma que las demás, pero solo un instante. Luego ya no estoy. Luego puedo estar riéndome a carcajadas en clase o besándote con los ojos abiertos. Puedo aburrirme mortalmente y no decir nada. Últimamente solo me divierte ver lo igual que resulta todo. Comprobar que yo no soy diferente... pero tú tampoco. Somos una repetición constante de los mismos actos, de los mismos lugares, de los mismos sabores... y llega un punto, ese punto que te roba la esperanza y te deja con la sensación de que, hagas lo que hagas, será lo mismo otra vez. Como vivir en una serie de televisión.
    A veces dejo de pensar y pongo el automático. Sé que hacer lo mismo funcionará porque ni tú ni yo buscamos más. Porque no me ofreces interés, no me escuchas. Ya nadie escucha porque no quedan palabras por descubrir. Siempre las mismas metas, los mismos sueños. Las mismas historias, las mismas rutinas, las mismas anécdotas. Y, sin querer, te vas adaptando. Aprender a decir sí cuando quieres decir no. Terminas por entender lo que no comprendes. Asientes por inercia. No hay motivaciones.
    Luego llego a casa y vengo aquí, dónde ser yo no exige un esfuerzo. Dónde no tengo que preguntarme que saludo es el más correcto o que despedida será menos fría. Pienso, escribo, me relajo. Me escucho a mí misma y me dejo caer sobre el papel. Me da igual si te parece bien o mal. Si me entiendes o no, es problema tuyo. Yo sé lo que estoy diciendo. Estoy dando forma a mi caos. Tecleo. Escribo que he dejado de ser durante unas horas... aunque en realidad nunca sea porque ser es mucho más difícil que estar. Siempre estamos, pero muy pocas veces somos. Porque a la hora de ser, influyen tanto las circustancias como las experiencias. Lo peor de todo, seguramente, sea irme a la cama y soñar con esa maldita historia superficial... y tener una pesadilla por culpa de esos veinte euros. Al menos me he reído. Deberíamos valorar más esas cosas.
    28 september

    Un día RoJo

    Decía Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes que los días rojos eran terribles. De repente sentías miedo sin saber porqué. Ella tomaba un taxi y se iba a Tiffany's. Holly Golightly, la auténtica, la que salió de la imaginación de Truman Capote para refugiarse en una novela de 107 páginas lo llamaba "la malea". Era la misma sensación nombrada de diferentes maneras. Era la misma persona con dos argumentos similares, pero distintos.
     
    Es obvio que yo no soy Audrey. Tampoco soy Holly ni he salido de la mente de un genio. Solo soy yo, igual pero distinta. Hoy tengo un día de esos, un  día rojo en los que te sorprende la malea. Estaba en la consulta de mi médico de cabecera, esperando mientras un anciano a mi lado no paraba de protestar, terminando de leer Desayuno en Tiffany's... estaba, no voy a decir como siempre, pero tampoco extraordinariamente fuera de lugar cuando lo he notado. He sentido pánico sin motivo alguno. Ha sido como un terror repentino, como si quisiese huir o empezar a llorar allí mismo. Estaba aterrada y, lo peor, era que no sabía a dónde ir.
     
    Ya estoy en casa, pero esta sensación no se me pasa. Puede que sea un simple desajuste hormonal o que necesite con urgencia encontrar mi Tiffany's. Tumbarme en el sillón y cerrar los ojos no sirve de nada. Tampoco sirve de nada tratar de encontrar motivos a mi día rojo. Solo ha sucedido y creo que, tarde o temprano se pasará. Quizás esté demasiado fascinada con Holly, tanto que he empatizado con ella hasta convertirme en su versión defectuosa y patética. No hay nada peor que una copia mal hecha.
     
    Pese a todo, sigo estando segura de que nada malo podría sucederme aquí.
    25 september

    ¿Recuerdas cuándo mirábamos las estrellas?

    ¿Recuerdas cuándo mirábamos las estrellas? Nos quedábamos dormidos bajo aquel cielo estrellado, entre leyendas y sueños. Siempre con la mirada perdida en el infinito, imaginando que, en algún lugar de la galaxia, dos extratarrestres se encontrarían igual que tú y que yo, tumbados sobre la hierba con las manos entrelazadas. Éramos dos niños y creíamos que nuestra fantasía era la única realidad en aquel mundo de adultos tan aburrido. Nuestras aventuras espaciales, los misterios que encerraba el bosque, las hadas que guardábamos en mi caja de zapatos... eran tan auténticos que no quedaba un segundo en nuestras vidas para pensar en hipotecas o despidos improcedentes.
    Por aquel entonces, las sonrisas olían a algodón de azúcar y los besos sabían a piruleta. Se posaban, siempre inocentes, en nuestras mejillas encendidas. Éramos tímidos pero no teníamos miedo. Nada malo podría habernos sucedido en aquella infancia con columpios de hierro y suelo de arena. Los juegos no se encerraban en una caja, no existían mandos a distancia para manejar nuestra imaginación. Compartíamos ilusiones, inventábamos personajes que terminaban por parecerse tanto a nosotros que dejaban de ser invenciones para ser realidades de recreo, tardes de verano y mañanas soleadas.
    Corríamos por las calles, escondiéndonos en los sitios de siempre, en los rincones del barrio que tan bien conocíamos... y nunca nos encontraban cuando, siempre prudente, me obligabas a cerrar los ojos y me llevabas contigo a ese rincón tan secreto que nunca supe ubicar. Ahora me gustaría regresar allí, encontrar tu mano de nuevo, posada sobre mis labios para callarme. Entonces era imposible sentir temor alguno porque allí éramos solo tu y yo, nuestra sencillez y aquella manera tan simple de entender la vida.
    Merendábamos pan con chocolate en tu casa y mi madre nos daba un par de monedas para comprar unas golosinas. Nosotros nunca las gastamos. Las guárdabamos en mi hucha para poder comprarnos una bicicleta que volase, que nos llevase a esa hierba de otro planeta dónde dos extratarrestres, cogidos de la mano como nosotros, miraban estrellas y hablaban de sus sueños.
    24 september

    A la PrimEra PersOna

    Se me saltaban las lágrimas tras escuchar la primera frase del nuevo single de Alejandro Sanz. No porque sea una fan histérica y desesperada, sino porque, nuevamente, me he encontrado en una canción.
     
    A la primera persona que me ayude a comprender pienso entregarle mi tiempo, pienso entregarle mi fe... yo no pido que las cosas me salgan siempre bien pero es que ya estoy harto de perderte sin querer.
    A la primera persona que me ayude a salir de este infierno en el que yo mismo he decidido vivir le regalo cualquier tarde para los dos..lo que digo es que ahora mismo ya no tengo ni siquiera donde estar.
    El oro para quién lo quiera, pero si hablamos de ayer... es tanto lo que he bebido que sigo teniendo sed. Al menos tu lo sabías, al menos no te decia que las cosas no eran como parecían.
    A la primera persona que me ayude a sentir otra vez pienso entregarle mi vida, pienso entregarle mi fe...
    ¿Qué voy a hacer de los sueños? ¿Qué voy a hacer con aquellos besos? ¿Qué puedo hacer con todo aquello que soñamos, dime, dónde lo metemos? ¿Dónde guardo la mirada que me dista alguna vez? ¿Dónde guardo las promesas?¿Dónde guardo el ayer? ¿Dónde guardo tu manera de tocarme? ¿Dónde guardo mi fé?
    Aunque lo diga la gente, yo no lo quiero escuchar... no hay más miedo que el se siente cuando ya no sientes nada. Tú lo ves tan fácil... pero es que cuánto más sencillo tu lo ves, más difícil se me hace.
    A la primera persona que me ayude a caminar, pienso entregarle mi tiempo pienso entregarle hasta el mar. A la primera persona que no me quiera juzgar pienso entregarle caricias que yo tenia guardadas...
     A la primera persona que me lleve a la verdad, pienso entregarle mi tiempo... no quiero esperar más.
    Yo te puedo contar como es una llama por dentro, yo puedo decirte cuanto es que pesa su fuego... y es que amar en soledad es como un pozo sin fondo donde no existe ni Dios, donde no existen verdades... es todo tan relativo como que estamos aquí.  
     
     
     
    Me gustaría ser capaz de explicar lo que se siente al escuchar por primera vez esta canción siendo yo, con mis realidades y mis sentimientos, mi manera de entender las palabras y de emocionarme con los acordes... pero la empatía es imposible y las palabras no me salen, solo escucho una y otra vez la canción, como una fan incondicional, como un niña que ha descubierto un tesoro.
     
    No la recomiendo. Realmente, no me interesa vuestra opinión sobre Alejandro, sobre su música o sobre su nuevo disco. No quiero hacer una campaña de ventas, ni declarar que es el mejor porque a mí se me antoje. Entiendo que no todo el mundo comparte mis gustos... pero a mí me gusta y, por eso, lo traigo a mi pequeño refugio. Porque yo soy lo que escribo y eso es algo que a nadie tiene porqué agradarle.
     
    21 september

    No Quiero HaBlar del Presente... no Quiero hablar del pasaDo

    Dicen que solo se siente nostalgia de los momentos felices. Supongo que, de ser cierta esa teoría, sentir nostalgia es maravilloso. Significa que has vivido momentos tan especiales que te gustaría revivirlos nuevamente.
    La vida, sin embargo, no está hecha a base de regresos. La vida no se puede rebobinar. Los acontecimientos solo avanzan, se relevan, suceden... y mirando hacia atrás solo corremos el riesgo de chocarnos contra uno de esos futuros que se convierten en presente a una velocidad desorbitada.
    Yo misma era un pasado imperfecto tratando de encontrar mi futuro en presentes de subjuntivo con un "ojalá" tambaleándose delante. Siempre pensando en cambiar, en avanzar, en ser... como si el condicional de mi vida no pudiera atreverse del todo con un presente simple. Ni siquiera me asomaba timidamente a un futuro. Vívía entre mis miedos y mis limitaciones.
     
    Siempre he pensado que existe un punto de inflexión. Una vez hemos llegado a ese punto, la línea recta resulta imposible y no nos queda más remedio que dar un giro de noventa grados. Un ángulo recto que nos desvía por un nuevo camino. Mejor o peor, eso no viene indicado... solo sabemos que es un cambio y que, como todo cambio, exige compromiso. El problema de los cambios es que tienen muchos imitadores. Existen esos pequeños intentos de cambio, cuando cambias solo un milímetro y el resto lo conservas tal y como estabas. Eso no es cambiar, es modificar. Cambiar es más radical, más completo, más arriesgado. El riesgo no está de moda porque la rutina proporciona sonrisas a plazo fijo... y arriesgarse es como comprar acciones: puedes perderlo todo en un segundo. Escuché en alguna parte que, sin riesgo, la vida era tan solo un puñado de lunes.
     
    Nadie quiere domingos por la tarde. A mi antes tampoco me gustaban. Los tenía abandonados en mi calendario, como un día sin utilidad ninguna. Entonces los perdí y comprendí aquello de "no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde". Empecé a valorar mis domingos perdidos, a añorarlos... y supe que necesitaba un cambio. No eran solo los domingos, eso era una pista... un indicio que me aproximaba a una realidad: mi punto de inflexión se acercaba. Se avecinaba un cambio.
     
    Ahora estoy en ese punto de inflexión. Hago cambios con más lógica que otros. Hago cambios más significativos que otros, más arriesgados.
    Pero todos terminan por ser una parte de un todo. Aunque el todo nunca sea la suma de sus partes. Poco a poco avanzo, aprendo a no mirar atrás y descubro que aprendí más de lo que pensaba, que cambiar no es tan complicado una vez que te decides a hacerlo, que la vida con riesgos es como recuperar un domingo después de haber perdido cincuenta y cuatro.
     
     
    ¿Has tenido alguna vez un día rojo? Yo, cuando me encuentro con un día rojo, escribo. Un día de esos en los que tienes miedo sin saber porqué. Audrey se refugiaba en Tiffanys. Yo vengo aquí. Nada malo podría ocurrirme aquí.
    18 september

    Una vez Más

    Una vez más, huía de su pasado. Sin darse cuenta, huía de ella misma y de todo lo que implicaba exisitir, a marchas forzadas, en un mundo que odiaba. Un pasado repleto de historias con finales imposibles, dolores de cabeza, discusiones, melancolías y rutinas cargadas de infelicidad. Quería dejar de ser para empezar a sonreír. Ser quién era realmente y no quién había acabado por ser a base de asentir cuando quería negar y seguir la corriente cuando, en su interior, nadaba desesperadamente en su contra. Toda una vida de huidas que terminaba con un sonado regreso, aún más deprimente que el anterior. Pero, esta vez, algo en su interior gritaba basta. Era la definitiva.
    Estaba segura de sí misma, decidida y dispuesta a arriesgar esa tediosa seguridad por un tambaleo lleno de posibilidades. Podía canjear sus lágrimas invisibles por una sonrisa a plazo fijo... o perderlo todo y encontrarse enterrada en fango y reproches. No la importaba el resultado. Iba a apostar todo a una sola carta: el cambio. Una huida que nacía de la necesidad de avanzar, una huida que ya no era miedo... era progreso. Esa era la diferencia. Ese era el milímetro que diferenciaba el fracaso del éxito. La diferencia entre sus anteriores huidas y la que se miraba al espejo aquella mañána.
    11 september

    Siempre soñé

    Siempre soñé con convertirme en princesa y, ya ves, acabé por serlo. Lo malo de los deseos es que, cuando se cumplen, dejan de ser deseos y se convierten en realidades... y la realidad no tiene nada de mágico ni de esperanzador. La realidad existe y es. No hay más.
    Mi sueño era ser una princesa frágil, delicada, dulce, inocente, etérea... y, aunque no encontré la corona, terminé por ser así: tan indefensa que hasta la brisa me derribaba.
    Una princesa encerrada en su torre de cristal, cansada de esperar al príncipe que ha de rescatarla. Una princesa cuya boca de fresa ha perdido la risa, ha perdido el color... porque la esperanza ha saltado por la ventana y, en su lugar, unas incómodas lágrimas se han instalado a vivir.
    Las princesas tienen algo de divino que fascina a los humanos. Un toque de ninfa, de estrella, de cuento de hadas, de magia... pero no son más que mujeres de sonrisa dibujada, viviendo en los retazos de la fantasía ajena. Siempre sola porque nadie se atreve a entrar en su mundo de algodón de azúcar y diamantes de colores. Porque, aunque no lo reconozca, le da pánico adentrarse en un mundo que arroja piedras sobre su frágil cuerpo de seda y terciopelo. De apariencia altiva y orgullosa, la princesa no es más que una niña asustadiza e indefensa con los ojos hinchados de llorar en la soledad de su torre.
    Como toda princesa, tengo un reino y un montoncito de súbditos a los que saludar con una enorme sonrisa desde el balcón de mi torre de cristal. Ellos me devuelven la sonrisa, una sonrisa sincera y sencilla, una sonrisa que nace de una ilusión: un personaje de cuento asomándose al mundo real. Y pienso que si supieran que la princesa en realidad se muere por bajar a la plaza para corretear con los niñso, robar manzanas en el mercado, bañarse en el río, mancharse de barro o tirarse sobre la hierba a silbar, abrirían tanto la boca que no podrían volver a cerrarla jamás... porque las princesas deben ser felices en su torre, con sus joyas y sus trajes caros, con su felicidad de oro y diamantes. Las princesas no necesitan algo tan sencillo como la diversión. No necesitan algo que está al alcance de cualquiera porque ellas tienen algo mejor: un sueño hecho realidad.
     
    Desde mi torre, desde esta pequeña celda de lujos y caprichos, formulo un nuevo deseo. Porque ya no sueño con ser princesa. Ahora solo quiero salir de aquí, huir... y abrazar cada sonrisa que me observa desde la plaza. Regalo mi sueño a cualquiera que quiera cerrar los ojos por mí... porque ya no es mi sueño, ahora es mi realidad.
     
    05 september

    No hay NostalGia Peor Que Añorar Lo que Nunca Jamás Sucedió

    Nunca había pensado en la añoranza como un bien necesario, más bien lo tenía como una consecuencia de la cobardía. Añoramos lo que hemos perdido y perdemos por miedo a luchar. Olvidar es un verbo que no debería existir. Nadie olvida, solo se intenta. Lo más parecido al olvido es la añoranza.
     
    Te echo de menos, eso quieren decir mis ojos cuando se cruzan con tu mirada por los pasillos. Echo en falta nuestras conversaciones hasta las cuatro de la mañana, tus canciones que nunca terminaban de grabarse, las reflexiones sobre la vida que me mantenían en vilo hasta el amanecer, los mensajes imparables en el móvil, las miradas cómplices al cruzarnos, buscar el segundo de inactividad para poder hablarte, la confianza, las risas y, por qué no, esa forma de tenerte sin alcanzarte.
    Ahora nos miramos de soslayo y nos saludamos cuando resulta imposible negar que nos hemos visto. Te veo cada semana y, sin embargo, no sé nada de tu vida. Sé que jamás volverá a ser como fué, que nuestro momento pasó y que eso fue todo. Hay historias que mueren sin haber nacido y esa es la paradoja que las convierte en infinitas. Por eso aún te añoro y se me cuela una lágrima entre la indiferencia que finjo al verte. Por eso mi corazón va más despacio cuando nos cruzamos y se acelera cuando desapareces. Por eso, con disimulo, me informo por terceras personas sobre ti y las circustancias que te rodean. Llevamos más tiempo de olvido que de recuerdo y, pese a todo, me sigues importando. Supongo que no se olvida a quién se quiere, sino a quién se puede.
    No hacen falta años para conocer a una persona. Sé de sobra como eres y es esa certeza la que me hace afirmar que nunca volveremos a no ser. Quizás no sepa cosas absurdas como tu canción preferida o si desayunas colacao o nesquik... ¿qué es realmente una persona? ¿su alma o sus rutinas? Una persona es un conjunto de actitudes, pensamientos, recuerdos y vivencias. No se puede conocer a quién no quiere dejarse conocer... pero cuando alguien se deja y encuentra a una persona dispuesta a conocer, a arriesgarse y adentrarse en su alma sin chaleco salvavidas... entonces, se obra un pequeño milagro. Ya no hacen falta años, semanas o meses. Basta con un segundo, un momento de conexión tan íntimo que entregará toda la información necesaria para conocer a esa persona de la forma más sencilla, más pura.
    Te echo de menos, eso es todo. Aunque no sepa si sigues dentro de ti o has cambiado tanto que ya no queda nada de lo que conocí. Te extraño tanto que me he acostumbrado a estar sin ti. La rutina nunca señala nada bueno.
     
    04 september

    Qué equivocada estás, niña

    -         Que equivocada estás, niña. No era Katharine, era Audrey.

    -         ¿Estás segura? Es muy probable que tengas razón, vi la película hace siglos… Siempre me he confundido con esas dos actrices, será porque tienen el mismo apellido.

    -         Es imposible no enlazar “Desayuno con diamantes” con la esbelta figura de Audrey Hepburn… era la viva imagen de la elegancia.

    -         Leí en alguna parte que la vistieron de Gyvenchy, ¿me equivoco también en eso?

    -         No, llevas toda la razón… marcó una tendencia en su época. El corte de su atuendo, el característico recogido, la boquilla para el tabaco… era sumamente sofisticada.

    -         ¿Sabes? Creo que podría bajar al videoclub a alquilar la película. No hay nada más absurdo que un domingo viendo la televisión.

    -         Es una buena idea… será como cuando eras pequeña. Los domingos tu padre solía bajar a alquilar alguna película para verla en familia. Tú y tu hermana siempre os peleabais por elegir el título.

    -         ¿Por qué dejamos de hacerlo? Era una buena costumbre.

    -         Por lo que se dejan de hacer las cosas… por falta de ganas. Al principio no me veía capaz, ya sabes, sin tu padre. Luego me dio pereza. Cuando quise darme cuenta, tu hermana se había marchado de casa y tu me comunicabas tu inmediata boda. Después renuncié definitivamente. Nunca me ha gustado ver películas sola.

    -         Lo siento mucho, mamá. Te dejamos sola de la noche a la mañana…

    -         No te preocupes, mi niña. Lo importante es que ahora has regresado. Estaremos bien las dos, solas. Perder a un marido es doloroso… pero cuando tu marido es un canalla como el tuyo, no hay nada mejor que el regazo de una madre para olvidarlo.

    -         Gracias, mamá. Será mejor que baje a por la película antes de que me ponga a llorar.

     
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